Lo mejor puede que sea la parte de comedia que arranca las sonrisas del público, pero también la que nos lleva a preguntarnos si era esa la verdadera intención del director. Una duda ésta que es un síntoma inequívoco de que algo falla.

★★☆☆☆ Mediocre

Recoletos arriba y abajo

Nuestro empeño, en esta edición del festival de cine de Sevilla, de ver las películas españolas que participan en la sección Oficial nos ha llevado a asistir al estreno en pase de prensa de Recoletos, la nueva película del artesano Pablo Llorca.
Y decimos artesano en su acepción más literal, por lo primitivo de su cine, en formato vídeo, una especie de serie B a la española que elogiamos por su atrevimiento, pero que no tiene la suficiente calidad técnica para presentarse a un festival de este porte. No por el formato, si no por las interpretaciones forzadas (alguno se libra), la imagen casera o la evidente deficiencia del sonido.
A pesar de estos inconvenientes, nos pondremos del lado de la organización del certamen e intentaremos enjuiciar una película que quiere ser un drama, pero que roza la comedia, y que, por tanto, desconcierta al público sin terminar de cuajar en ninguno de los dos géneros para, finalmente, rematar con un mensaje político-social.

Y es que la pintada de la escena final —“PPSOE, no les votes”— y la pegatina que luce una joven perteneciente al movimiento de los “indignados” nos da una pista de por dónde van los tiros. El estar en contra de la alternancia política y del bipartidismo, la idea de que ambas formaciones son igual de odiosas, puede ser el fondo de este largometraje cuando los protagonistas principales son de distinta clase social y de diferente condición política: Jaime, un antiguo militante de izquierdas (el vecino que vive “arriba”) y el nuevo portero del bloque (el de “abajo”). Ambos personajes tienen un asunto pendiente que se remonta a más de treinta años atrás cuando el segundo pertenecía al régimen opresor franquista y torturó al primero.
Si el portero facha es rechazable no sólo por su pasado, si no también por sus trapicheos del presente y por no dudar en usar el chantaje para poder llevarlos a cabo, Jaime no lo es menos por las continuas mentiras a su familia, por llevar una doble vida como amante de una vecina del bloque y por aceptar ser el presidente de una empresa nacida de la corrupción y el pelotazo. Las ideologías para Jaime son cosas del pasado y ahora, en el presente, sólo parecen usarse como bromas entre compañeros, sin ningún significado. En su trabajo, ser “rojo” o “facha” es lo mismo, igual que ser de uno u otro equipo de fútbol; un falso, absurdo e inútil maniqueísmo.
La trama, como decimos, oscila entre el drama y la comedia. El drama de una familia a punto de la desintegración y de una relación abocada al fracaso; y la comedia provocada por algunas situaciones absurdas y ciertos diálogos graciosos. Quizás lo mejor sea esta segunda cara de la película de Llorca, la que arranca las sonrisas del público, y hasta las carcajadas, pero también la que nos lleva a preguntarnos si era esa la verdadera intención del director. Una duda ésta que es un síntoma inequívoco de que algo falla.

Lo peor:

publicado por Ethan el 13 noviembre, 2012
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