El hobbit: un viaje inesperado

No conecto con el mundo de Tolkien. Empiezo por ahí para que quede clara mi postura. No he leído los libros y no me gustaron las películas de El señor de los anillos. Me entretienen un rato, pero la extensión de las historias me termina aburriendo. Cuando se empezó a hablar del proyecto de Peter Jackson para volver a llevar a la pantalla otra de las historias de Tolkien, El hobbit, me temí lo peor: pasó de ser un par de películas a una nueva trilogía de casi tres horas cada filme, y ahí nos echamos a temblar tanto los iniciados en ese mundo fantástico como los escépticos.

Y la realidad no ha hecho más que confirmar los temores. La primera parte de la nueva trilogía estira una historia que quedaría perfecta en una película (vale, si quieren de tres horas; pero qué obsesión con hacer películas extremadamente largas…), pero que para que pueda tener tres entregas hay que alargar innecesariamente.

En la primera película tenemos la presentación de los protagonistas, con un Bilbo Bolsón bien interpretado por Martin Freeman, los 13 enanos (no demasiado enanos), el regreso de Gandalf, caras conocidas en el mundo de los elfos y muchos ogros. El mejor momento de la película se reserva para Gollum y una secuencia en la que compite con Bilbo utilizando adivinanzas como armas.

En definitiva: más de lo mismo. Un rencuentro con el mundo y los personajes de Tolkien y con los maravillosos paisajes de Nueva Zelanda. A quien le gustara El señor de los anillos, le gustará El hobbit. A quien estuviera harto de la Tierra Media, se puede ahorrar El hobbit (si puede resistirse a la presión social). Pero seguro que todos coinciden en que es demasiado larga. Pues pensad esto: aún quedan otras dos partes.

Lo mejor: Gollum
Lo peor: Aburre por la extensión de la película. Y no añade mucho que no hayamos visto ya
publicado por Natalia Marcos el 4 enero, 2013

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