Demasiada expectativa para un film que no logra trascender en la ciencia ficción

★★☆☆☆ Mediocre

Oblivion

Como si el nombre de la película fuese a generarnos ese sentimiento adrede, Oblivion, que significa olvido, nos termina dejando esa sensación. Difícil resulta escarbar buscando algún elemento trascendente que nos permita almacenarla en la mente como un producto memorable.

Joseph Kosinski apuesta prácticamente todas sus fichas en deslumbrarnos desde la puesta en escena, a partir de efectos especiales ciertamente impactantes, pero parece haber distribuido sus pocas monedas restantes entre la historia y su respectiva forma de explicarla.

Oblivion: el tiempo del olvido no es una mala proyección, pero comete el error de poseer un pasaje bastante denso en cuanto al transcurso de los acontecimientos, combinado y acompañado en muchos momentos de una musicalización adormecedora. La cinta prometió desde su promoción y su intrigante tráiler, venderle al espectador un concierto célebre y digno de ver, pero con el correr de los minutos lo que aparenta tener un carácter enigmático importante se va diluyendo lenta y cansinamente, como si al relato le costase encontrar la transición o el “punch” justo como para entusiasmar y hacer reflexionar al público.

Más allá de unos buenos recursos de flashback en blanco y negro del personaje encarnado por Tom Cruise, Oblivion recurre más de la cuenta a lo romántico, a una historia de amor que parece primar por sobre la ficción y la fantasía propia que debería contener como elemento principal.

Pero el problema principal está dado en la forma que adoptan los giros de la narración: si bien son buenos, el modo en que se presentan no logra conmover ni encandilar por completo.

Impecable y llamativa desde lo técnico pero regular, la película no logra trascender ni siquiera para fanáticos de un género que ha sabido cosechar éxitos como Blade Runner, Alien y por qué no la última joya Looper.

Lo mejor: Tom Cruise y Morgan Freeman cumplen, como siempre. Efectos especiales.
Lo peor: Recae en lo cursi, da la sensación de nunca terminar de arrancar.

publicado por Alan Luis el 18 abril, 2013
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