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El Increíble Hombre Menguante no es sobre un hombre encogiéndose, es sobre una mujer agigantándose. O tal vez no una mujer si no la entera condición femenina.

★★★★★ Excelente

El increible hombre menguante

Tú trae la cerveza, yo haré la cena” le dice Scott a su esposa mientras navegan disfrutando de sus vacaciones. Y a partir de ese mínimo gesto, de ese sutil trueque de roles, surge el terror. El Increíble Hombre Menguante no es sobre un hombre encogiéndose, es sobre una mujer agigantándose. O tal vez no una mujer si no la entera condición femenina. Un hombre que se vuelve mínimo ante cada mina, incluso la más pequeña. Las dos mujeres importantes en la película son Louise, esposa de Scott, y Clarice Bruce, su implícita amante enana, nombres que a su vez tienen algo de masculino. La primera señal de la disminución del volumen de Scott es el tamaño de sus pantalones. Louise pone el acento en una insinuante línea de diálogo, cuando al ofrecerle dos huevos para el desayuno su marido le dice que prefiere comer solo uno, “¿Uno? por eso los pantalones te quedan grandes” responde.

Donde no hay un hombre habrá un niño, acomplejado, temeroso. Y una mujer que necesita un compañero para ocupar ese espacio vacío. Ahí es donde entra Charlie, hermano mayor de Scott, proveedor del barco en el que se inicia el film y del trabajo que le permite al protagonista mantener su casa. Trabajo que perderá por su nueva condición de hombre menguante. Forzado por las insólitas circunstancias, el minúsculo Scott se verá obligado a vivir dentro de una casa de muñecas donde será atacado por Butch, mascota felina de la pareja, luego de un dudoso descuido de su mujer. Seguidamente se libra una batalla entre animal y hombre que culmina con la caída de éste último al sótano de la casa, donde Louise pasaba su tiempo realizando tareas de costura. Con la esperanza de que su esposa baje al subterráneo cuarto para rescatarlo, Scott pasa sus días padeciendo un hambre atroz y tratando de hallar la forma de sobrevivir en un espacio que, otrora familiar, ahora es hostil. Luchará contra una gigantesca araña –¿representación de la madre?- por un pedazo de queso, único alimento posible en ese lugar. Louise nunca baja, se encuentra en la parte alta de la casa asumiendo que su esposo ha muerto y acompañada por su cuñado, que la ayuda a tomar la decisión de dejar el hogar y marcharse con él. Así culmina la historia de Scott, un pequeño hombre burgués reducido a la nada misma. Sin trabajo, abandonado por su esposa, reemplazado por su hermano, termina aceptando su trágico e insignificante destino en el universo mediante un monólogo interno que más que a reflexión metafísica sobre la existencia humana suena a consuelo de pobres.

publicado por Nuria Silva el 1 mayo, 2013

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