Gravity

Acabo de ver la película del año, si la de la tía esa que flota, y os voy a decir mi opinión sobre la misma: “ “. ¿Qué pasa, no me habéis oído? ¡Ah, como el sonido no se propaga por el espacio….! (puedo admitir que, como afirma mi amigo Juan, uno de los aspectos más impresionantes de la película sea el silencio, pero reniego de la irritante banda sonora con la que el tal Steven Price nos castiga intentando, a mi juicio sin conseguirlo, dotar a la historia de una emoción de la que carece).

Si no puede encuadrase en el género de la ciencia ficción, porque la tecnología que aparece es prácticamente la actual, y como drama existencial cojea más que un pirata con pata de palo, ¿qué nos queda? Pues una demostración empírica de que el pasteleo y la memez son los mismos en gravedad cero que en gravedad normal.

Debería haber hecho caso a la lucecita roja que se me encendió frente a los actores (Sandra Bullock se salva en “Crash” y en “The Blind Side” y en cuanto a George Clooney solo merece mi respeto, como director no como actor, por los “Los idus de marzo) y el director cuya filmografía, no apta para diabéticos, no me entusiasma precisamente.

Reconozco a la película su excelente labor como simulador de vuelo espacial, pues permitió que mi acompañante experimentara (deseo alimentado desde su más tierna infancia) lo que suponía ser astronauta: ¡una mierda!

Terminé de los nervios con tanto cable, trozos de satélites, objetos que iban y venían a sus anchas. Como me aburría, me pase todo el rato subiendo y bajando las gafas (¡1,20 euros!) para comprobar si realmente se veía diferente con ellas o no.

Lo de que la doctora Ryan Stone, esa brillante ingeniera en su primera misión espacial, decide que no quiere vivir y entonces tiene una epifanía con el careto del Clooney que le revela el misterio de la vida, y de paso el de la técnica para que consiga arrancar el chisme de una vez, me pareció lo más. Si al menos le hubiera llevado un Nespresso habría entendido que la otra se pusiera las pilas, gracias al chute de cafeína extra, y metiera caña a la dichosa nave.

Sin dudarlo, prefiero “Elysium”, “Oblivion” e incluso la última de Riddick aunque sea la peor de las tres (menos mal que me libré de “After Earth”).

Aviso, lo único que pienso volver a ver en 3D es el próximo desnudo de Fassbender. ¡Esa si que será una vista impresionante y no la de la Tierra.
Lo mejor: Que te permite experimentar de forma bastante realista lo que supone flotar.

publicado por Teresa Suarez el 10 noviembre, 2013
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