Que me ha encantado, me ha fascinado y me ha impactado. ¿Significa eso que sea una película perfecta o una obra maestra del cine? Pues no. Pero no era lo que se pedía de ella.

★★★★★ Excelente

300

¿Qué decir de “300” que no se haya dicho ya? A estas alturas, todo el mundo sabe que va de las batallas entre persas y espartanos, que transcurre en las Termópilas y que está fielmente basada en un cómic de Frank Miller. Todo eso es información objetiva que está recogida en decenas de webs y blogs, revistas y periódicos de lo más variado. Así que, vayamos con lo subjetivo. Y lo subjetivo es que me ha parecido un peliculón, que me ha puesto a cien, que me ha hecho subir las pulsaciones, que me hecho soltar chutes de adrenalina y me ha revolucionado las endorfinas. Que me ha encantado, me ha fascinado y me ha impactado. ¿Significa eso que sea una película perfecta o una obra maestra del cine? Pues no. Pero no era lo que se pedía de ella. Falla, por ejemplo, el personaje de Jerjes. En el cómic es más impresionante, más señorial, más todopoderoso, más enigmático. Su mitad Rey y su mitad Dios están mejor conseguidas. En la película Jerjes es, más bien, una reinona, divina de la muerte. Y eso lastra un poco el efecto de grandiosidad que tenía el tebeo. Y los monstruos grotescos también llegan a cansar. Menos mal que, a los elefantes, les dan matarile con mucha celeridad. Pero la película es colosal. Uno se identifica tanto con la historia, que quiere ser espartano. Directamente. Y eso sí que se lo pedíamos a la película: que fuera todo un espectáculo. Y lo es. Se ha hablado mucho de la fidelidad de los fotogramas al trabajo gráfico de Miller y Valley, pero es que éstos se han inspirado, a su vez, en la realidad. O, al menos, en la realidad que tenemos a nuestro alcance: el propio paso de las Termópilas o cuadros clásicos como el de Jaques-Louis David. Y a ello le han añadido la iconografía cristiana de, por ejemplo, un San Sebastián aseteado, de un Jesucristo que pasa la noche en el huerto de los Olivos o de un Judas que vende a su Maestro por treinta monedas de plata. Snyder, para filmar esta película, también ha aprovechado otra mucha imaginería clásica, como la del Julio César acuchillado. Y el espíritu de las películas bélicas ahí está, por supuesto. Con unos diálogos efectistas y mitológicos, con frases contundentes como la de la lucha a la sombra, con secuencias como la de los barcos arribando a las costas, que hemos visto en “Troya” o en “Cartas desde Iwo Jima”. Podríamos hablar sobre el tema de Oriente y Occidente y la protesta que ha hecho Irán sobre el tratamiento que se hace de los persas, pero mira. Paso. Al menos, de momento. Porque he salido tan maravillado del espectáculo al que hemos asistido que hablar sobre la realidad no me apetece absolutamente nada. Un espectáculo de sangre, violencia y hombría que está llamado a irritar a muchos y muy diversos colectivos, pero que a mí me ha hipnotizado por completo. Voy a releer el tebeo, seguramente volveré a ver la película y, si me da el bolunto, hasta me compro una espada y un escudo espartanos para colgarlos en la pared de mi casa. Porque los “300” se merecen eso y más. ¡Pedazo de película!
publicado por Jesus Lens el 25 marzo, 2007

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