El regreso de Hannibal the Cannibal, popularmente conocido entre nosotros como Aníbal el Caníbal, nos ha dejado fríos. Un notable aburrimiento, salpicado de cuajarones de sangre, que termina dejando un mal sabor de boca, sinceramente.

★★☆☆☆ Mediocre

Hannibal: El origen del mal

El regreso de Hannibal the Cannibal, popularmente conocido entre nosotros como Aníbal el Caníbal, nos ha dejado fríos. Como a estas alturas sabrá todo el mundo, “Hannibal, el origen del mal” cuenta, precisamente, cómo el famoso Doctor Lecter se convirtió en el monstruo al que todos hemos conocido y temido en el cine, con el rostro de Anthony Hopkins.

¿Por qué esperábamos algo importante de esta película? Pues, mayormente, porque en el guión está impresa la firma de Thomas Harris, padre novelesco del personaje, lo que hacía augurar un buen desarrollo de la trama, un origen lógico del personaje y un abundamiento en ese mito caníbal que tan buenos y tan malos ratos nos ha hecho disfrutar y padecer en los cines.

Y la cosa empieza bien, contando la muerte de la familia de Lecter en la II Guerra Mundial y, posteriormente, las vejaciones que sufren su hermana y él de manos de un grupo de simpatizantes nazis. Su huida está bien y sintéticamente contada, así como su llegada a Francia, donde inicia una contradictoria relación con su tía de ascendencia japonesa, interpretada por la atractiva Gong Li, que no hace sino ganar en hermosura y magnetismo con cada película.

Toda esta primera parte está muy bien narrada, resulta interesante y se deja ver con mucho interés. Pero después… ¡ay después! Tras el episodio del carnicero, muy revelador del futuro carácter hannibaliano, todo se desmadra y la película se banaliza, convirtiéndose en una estúpida e inverosímil historia de venganzas que sólo se basa en truculencias y chorradas.

El viaje a la URSS y el episodio de la cabaña marcan un punto de inflexión que convierte a lo que era una interesante y digna película que estaba abundando en las claves de una serie tan interesante como la de Hannibal el Caníbal, en una mascarada de muerte y destrucción bastante idiota, mal contada y peor resuelta.

Llegan los bostezos, las miradas al móvil para ver la hora, los rugidos de las tripas pidiendo chicha y los movimientos incómodos en una butaca que ya pincha. Comienza un notable aburrimiento, salpicado de cuajarones de sangre, que termina dejando un mal sabor de boca, sinceramente.

Una pena, en definitiva, constatar cómo los Laurentis, detentadores de los derechos sobre el personaje del Doctor Caníbal, están acabando con el crédito de la serie, en un intento de explotar esa gallina de los huevos de oro a la que sus últimas puestas le van oliendo a podrido. Cada vez más.

En resumen, una decepción.
publicado por Jesus Lens el 19 marzo, 2007

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