muchocine opiniones de cinedesde 2005

Lo que muchos llaman estilo propio tal vez no sea una cualidad tan buena. Llamarlo estilo lo dota de connotaciones positivas, pero cuando estas características son tan repetidas y reiteradas durante tanto tiempo se convierten en puntos negativos haci

★★☆☆☆ Mediocre

Infiltrados

Martin Scorsese firma con la dirección de esta película una más de sus obras. Ni más ni menos. A pesar de ser un remake de la asiática Infernal Affairs, la película cuenta con todas las claves que conforman el estilo del director norteamericano. Mafia, violencia y poder conforman el triunvirato que reina por doquier y a sus anchas por la ya extensa filmografía de Scorsese.

En esta película, una vez más, son personaje masculinos los que sustentan todo el peso de la película (como ya ocurría en Taxi Driver o Uno de los nuestros). Su nuevo actor, Leonardo di Caprio, muestra una vez más que no es un mal actor, y que los años le van dotando de mayor presencia en la pantalla, lo que supone también mayor intensidad en sus interpretaciones.

Cabe destacar el reencuentro en la pantalla grande de Di Caprio y Mark Whalberg tras haber coincidido ambos en los inicios de sus carreras cinematográficas en Diario de un rebelde. Parece que los años también han mejorado la calidad interpretativa de este último. En contrapunto a ellos se puede ver a un Matt Damon soso como de costumbre junto a un Jack Nicholson ya no sobreactuado sino más bien caricaturizado de si mismo.

Por lo demás poco más hay que decir ya que la originalidad de la historia se la debemos al guionista de la película original, lo cual hace que nos demos cabezazos contra la pared al ser galardonado con un oscar el guionista americano por “adaptar” un guión ya hecho. Destacar sin embargo el siempre fluido y acertado montaje de su habitual Thelma Schoonmaker, a la cual Scorsese debería plantearse poner en los títulos de crédito a la misma altura y con la misma tipografía y cuerpo de letra que su propio nombre.

Un director de cine que sobrepasa ya las siete décadas de existencia y que pertenece a esa generación de directores llamados “barbudos”, debería ofrecernos algo que nos cautivara. Sin embargo todo lo que hace tiene un regusto a ya visto. De alguna manera la insistente localización de todas sus películas en su New York natal, muestra el estancamiento en el que se encuentra sumergido. Una afirmación así puede levantar muchas ampollas entre sus seguidores pero a menudo si te fijas en las ramas puede que el árbol no te deje ver el bosque.

Lo que muchos, tanto crítica como público, llaman estilo propio tal vez no sea una cualidad tan buena. Llamarlo estilo lo dota de connotaciones positivas, pero cuando estas características son tan repetidas y reiteradas durante tanto tiempo en un formato tan similar, como son la mayoría de sus películas, se convierten en puntos negativos hacia la obra de dicho director.

Dicen que lo peor que le puede pasar a un artista es que su obra genere indiferencia. Sus queridos amigos Coppola y compañía han tenido a lo largo de su carrera películas que han marcado hitos en la historia del cine por uno u otro motivo. Aunque en la actualidad sus carreras podamos decir que han evolucionado hasta un punto en el que se encuentran perdidas. Sin embargo la fidelidad así mismo de Scorsese, que muchos admiran, a mi juicio es lo que ha lastrado su genio y ha sentenciado su carrera. No basta con que un par de sus películas tengan elementos más que destacables y dignos de un gran director. A veces es preferible hacer una gran película y perder el rumbo de tu carrera, que dirigir más de una veintena y darte cuenta que tras casi cuarenta años, tus pies no se han movido ni un ápice de las calles de New York.
Lo mejor: A pesar de ser un remake de la asiática Infernal Affairs, la película cuenta con todas las claves que conforman el estilo del director norteamericano.
Lo peor: Dicen que lo peor que le puede pasar a un artista es que su obra genere indiferencia. Un director de cine que sobrepasa ya las siete décadas de existencia y que pertenece a esa generación de directores llamados “barbudos”, debería ofrecernos algo que nos cautivara.
publicado por Luis Zueco el 16 marzo, 2007

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