“Pequeña Miss Sunshine” es una película tan bienintencionada como acaramelada, de estilo amable, en absoluto revolucionaria. ¿Conservadora? Un poco, sí. Pero me gusta ese aroma a América profunda, aunque alternativa y un tanto friki, como aquella “En

★★★☆☆ Buena

Pequeña miss sunshine

Leyendo el Ideal de esta mañana, víspera de la ceremonia de entrega de los Óscar, una frase lapidaria venía a definir, perfectamente, a esta peliculita que lleva meses y meses en cartel: “El Óscar le viene grande”.

Una verdad como un castillo. Porque esa íntima y simpática “Little Miss Sunshine”, aún tierna y amable, no es comparable a películas tan solventes y de tanto alcance como “Babel” o “Infiltrados”. Es una película amable y tierna, divertida a ratos y melancólica en otras ocasiones, pero no es, ni de lejos, esa obra maestra, esa gran película que debe pasar a la posteridad como ganadora del Óscar.

Recapitulemos. En un pueblo perdido de los EE.UU. una familia un tanto disfuncional ha de emprender un viaje contrarreloj hacia California para que la benjamín participe en un patético concurso de belleza infantil. Y allá se van, en una furgoneta cochambrosa, el padre fracasado convencido de que se puede alcanzar el éxito a través de un manual de autoayuda de su invención, el abuelo hippie, drogadicto y más vasto que unas bragas de esparto, la madre realista y lúcida, el tío intelectual y suicida frustrado y el adolescente en permanente rebeldía contra todo y contra todos.

Y, por supuesto, la niña, fea y gordita, pero con desparpajo y personalidad. La película cuenta las relaciones entre ellos, tensas unas veces, cariñosas otras. Y plantea una acaramelada crítica contra la tiranía impuesta por la sociedad hacia la delgadez y la belleza, ratificando el discurso políticamente correcto de que la hermosura está en el interior y que, lo realmente importante, es sentirse bien con uno mismo, obviando los cánones de belleza defendidos por las revistas, la moda, el cine y la televisión.

Con un final marxista, el estilo de los anárquicos y surrealistas hermanos, que te deja una agradable sonrisa en los labios, “Pequeña Miss Sunshine” es una película tan bienintencionada como acaramelada, de estilo amable, en absoluto revolucionaria. ¿Conservadora? Un poco, sí. Pero me gusta ese aroma a América profunda, aunque alternativa y un tanto friki, como aquella “Entre copas”, por ejemplo.

Una película que, suponemos, no ganará el Óscar, pero que se ve con agrado y simpatía. Ni más ni menos.
publicado por Jesus Lens el 25 febrero, 2007

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