La obcecación del director por una empresa repudiada por el establishment, su honestidad perpetuada en un cine incomprensible, son capaces de conmover profundamente al espectador.

★★★★☆ Muy Buena

Glen or Glenda?

Con el film “”Ed Wood”” (1994), Tim Burton daría el definitivo empujón al proceso de revalorización de la obra del cineasta conocido popularmente como el peor director de la historia del cine. Vilipendiado por la época en que le tocó vivir, Ed Wood, controvertido cineasta donde los haya, se ha convertido en el mayor exponente de lo que hoy en día conocemos como cultura basura (concepto de naturaleza ambigua). Un acercamiento a “”Glen or Glenda?””, su opera prima, nos permitirá esclarecer, en la medida en que sea posible, el valor de este singular director.

Un misterioso anciano interpretado por Bega Lugosi, actor que encarnó al Conde Drácula en la celebrada versión de Tod Browning (Dracula, 1931) y que Ed Wood se encarga de rescatar del olvido, nos introduce en el film desde un sofá en medio de un pequeño, y extrañamente decorado, laboratorio. Tras llevar a cavo un humeante experimento, Lugosi, convertido en una suerte de demiurgo, se dirigirá directamente al espectador para dar paso a la narración de los hechos: En la ciudad, un travestido se ha suicidado. El policía que se encarga del caso, sorprendido ante la condición del fallecido, pedirá explicaciones a un psiquiatra. Este, le ilustrará sobre el travestismo y el transexualismo con dos historias que ocuparán el resto del metraje. La primera, significativamente más desarrollada, tratará la historia del atormentado Glen (alter ego de Wood e interpretado por el mismo), quien no se atreve a confesar a Bárbara, con quién está prometido, su condición de travestido. La segunda, relatará brevemente la vida de Alan, quién verá cumplidos sus sueños al someterse a una operación de cambio de sexo.

El realismo teatral con el que se retratan las estampas cotidianas de la vida de Glen, como por ejemplo la escena en la que mira el televisor vistiendo ropa de su hermana, se acercará al video institucional a través de la superposición del discurso pseudocientífico del psiquiatra. Este punto de vista médico que nos mantiene distantes del protagonista con el que, en principio, nos tenemos que identificar, se entroncará con el tratamiento onírico que recibe el personaje omnisciente interpretado por Lugosi. El espectador, acostumbrado a una narrativa hecha en favor de su situación privilegiada, asiste atónito a una gramática confusa y desbocada cuyo surrealismo, al igual que el tormento de Glen, va en aumento: metáforas grotescas (véase la estampida de bisontes) y otras imágenes extravagantes desembocarán en un largo sueño en el que se escenificarán, recordándonos el ínfimo presupuesto de la producción, los fantasmas que torturan la mente del protagonista. Sexo, fetichismo, deseo, violencia, remordimiento… Finalmente verá la luz a través de una situación que, por su simbolismo más que evidente, resulta irrisoria: Glenda, el alter ego femenino de nuestro personaje, no podrá salvar a Bárbara de un tronco caído que le aprisiona, el viril Glen sí que lo conseguirá. Tras resolver la pesadilla, se atreverá a explicar el problema a su amada y esta, por amor, lo aceptará.

Alguien podría pensar en Ed Wood, por su voluntad de vehicular un discurso íntimo a través de una narrativa tan peculiar (ya que el travestismo le afectó de por vida), como un estrambótico precursor de la modernidad cinematográfica. Sin embargo, su inconsciente negación de la tradición que le precede, parece convertirle en un caso único, en una rareza de la historia del cine. Su voluntad de hacer cine convencional choca de bruces con una personalidad poco común que parece no haber integrado el modo de representación establecido. El resultado: una película que (re)inventa el cine sin proponérselo, que se antoja delirante a los ojos de todos aquellos que nos hemos visto educados bajo un canon narrativo determinado. La convicción con la que utiliza sus efectos de barraca de feria, la inocencia de sus metáforas, la interpretación de sí mismo, el ofuscamiento narrativo… Todo ello desplaza el interés del espectador, convirtiendo la figura de Ed Wood cineasta en el auténtico protagonista del film. Su obcecación por una empresa repudiada por el establishment, su honestidad perpetuada en un cine incomprensible, son capaces de conmover profundamente al espectador. Así parece haber ocurrido con Tim Burton quien, lejos de caer en el actual culto a lo freak, heredero de la vieja feria de monstruos, ha dignificado a Wood convirtiéndole en el héroe incomprendido de una de sus mejores películas. Nos podría parecer contradictorio que el célebre director de “”Eduardo Manostijeras”” (Edgard Scissorhands, 1990), acomodado en su propia marca de fabricación autoral, enaltezca a un cineasta como Ed Wood. Pero si algo podemos afirmar tras ver Glen or Glenda? es que la convicción con la que trabaja en su obra a contracorriente no nos deja indiferentes.
publicado por Ricard Marcet el 21 febrero, 2007

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