A pesar de ser un homenaje explícito a clásicos del género, a veces resulta interesante que un cineasta cocine un plato con los mismos ingredientes y empleando una misma receta.

★★☆☆☆ Mediocre

Bosque de sombras

El debutante Koldo Serra siempre dejó claro que quería hacer una película acerca de la incomunicación que acaba generando confrontación: en la pareja, entre diferentes clases sociales y entre culturas. El punto de partida, aunque recurrente, puede resultar atractivo. De hecho durante todo el metraje podemos permanecer inmóviles, expectantes ante lo que va a suceder, engañosamente abstraídos.

Una lástima que tanta tensión se vaya al garete con un relato mal resuelto que por supuesto no desvelaremos. Es más, no esgrimiremos la pluma para desmontar el trabajo. Lo podríamos hacer porque flancos en los que atacar tiene esta ópera prima, aunque vista la manga ancha que se le da a tantas producciones estúpidas, estereotípicas y absurdas, aquí vamos a hacer defensa de lo indefendible por una razón: es un modelaje de cine que tiene visos de mejorar.

Intenta innovar, dándole la vuelta a los patrones establecidos. Ahí está el hecho de que vayan cayendo los buenos como moscas, los actores principales sean los que menos luzcan al final y se dote de sustrato psicológico a ciertos personajes a analizar por un terapeuta especializado en familia. Pese a todos los esfuerzos no funciona como producto, quizás al mezclar tantos aspectos y luego no diseccionarlos bien a lo largo de un hilo argumental lineal, con pocos picos de emoción inesperados.

Las historias sobrenaturales, con misterios o protagonizadas por asesinos de lo más estrambótico encuentran en los bosques del norte de España la mejor ambientación. Pero el escenario no sirve de mucho cuando hay más acción que contenido y se mantienen tantas puertas abiertas, es por ello que nos sentimos un poco estafados. Tampoco contribuye el plantel de estrellas, que además conforma un sustancioso material interpretativo desaprovechado en un recorrido que se nos antoja irregular y pobre.

Aún así aseguramos que hay que seguirle los pasos a Serra. A nadie le han comprado la opinión ni tampoco el que suscribe se ha vuelto loco: este creador en ciernes promete aunque su debut no sea en absoluto brillante; lo hace por arriesgar, aunque se equivoque. No es comparable pero por momentos su criatura me recordaba a la fastuosa ¿Quién puede matar a un niño?, de Narciso Ibáñez Serrador, donde los acosados se convertían en ejecutores y no nos resultaba extraño.
Lo mejor: A pesar de sus (muchos) fallos, el director promete.
Lo peor: Algunos guiños de manual.

publicado por Daniel Galindo el 18 febrero, 2007
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