Ad Astra

Algunos la tildan de cine comercial, otros la ponen como la película más lenta y aburrida del espacio que han visto en mucho tiempo, e incluso muchos de los espectadores que han visto a Pitt como un aliciente para animarse a ir al cine han salido decepcionados pensando que iban a ver una película que se asemejase a la aclamada Gravity. 

Entiendo a esta gente que sale del cine decepcionada o que incluso se ha atrevido a anunciar a los demás que llegó a pegar alguna cabezadita dentro de la sala. La entiendo porque Ad Astra no es una película para todos los públicos. 

Ad Astra tiene un buen guión de partida cuyo reclamo es de manera total esa relación paterno filial que Brad (Roy MacBride) tiene con su padre. La atmósfera creada es muy intima y perturbadora con una banda sonora contenida y punzante acorde con la trama y el espectacular entorno visual creado por Gray. 

Pero no todo es la trama interesante, oscura, minimalista y preocupada por el detalle  sino que hay mucho más detrás de esta película a la que ni por asomo considero comercial.  

Como dijo mi compañero de butaca el espacio es tan inmenso como el alma, tan intimo, que alberga ese rincón de paz que todo el mundo busca, tan intenso como los sentimientos, tan silencioso como el pensamiento. 

Ad Astra esta lleno de simbolismo. El tercer eslabón de la sala lo dijo claramente al termino de la película: Os veo muy callados. Síntoma de saber que esta película no hay que peinarla como los pelos que están solo en la superficie de la piel, sino que hay que escarbar más allá de la dermis, donde se encuentra la verdadera historia de nuestro título.

Preparado para el análisis psicológico. Esa frase se repetía una y otra vez en la película. Además el recurso (que me parece un acierto) de la voz en off de Pitt toma las riendas de nuestro viaje a través de su análisis psicológico (igual a veces se abusa un poco de eso). 

No solo se trata de ver la evolución de Brad a lo largo de todo un viaje espacial a los distintos ecosistemas y planetas sino vivir el viaje de oscuridad y luz dentro de su mente, dentro de su piel, dentro de su pertrechado corazón a través del fracaso en la relación con su padre. 

Nuestro protagonista pasa por muchas fases. No es capaz de amar producto de su fracaso familiar, tiene miedos pero los disfraza con una coraza impenetrable a priori a causa de lo único que le ha dado el valor de seguir para adelante, lo único que ha conseguido pegar los trozos de su alma maltrecha: su amor por su trabajo. El único recuerdo feliz que consiguió por unos instantes unir a una familia, el único pilar que mantenía a raya su valor pese a su falta de empatía y carencia de la capacidad de sentir se desmorona. 

La cara oculta de la luna esta a oscuras. Pasamos de esa posibilidad de luz, de claridad, de fortaleza que antes poseía el protagonista a buscar la oscuridad. Algo le arrastra a ir a la zona oscura. Alguien no quiere que haga ese camino, alguien dentro de su cuerpo quiere impedir que vaya a la oscuridad, que llegue a la depresión absoluta. 

Roy necesita respuestas, necesita encontrar la paz. Ya no es suficiente. El quiere ser su padre pero odia a su padre. 

Nos vamos a ver envueltos durante toda la  película no solo en la trama meramente básica sino también en la encrucijada que supone descifrar la mente de nuestro protagonista, ver su evolución psicológica, ver como su pasado es la clave para su evolución y su futuro, lleno de oscuridad o lleno de luz a expensas de un botón, un clic que le haga volver a la luz, que le aleje de ese lugar oscuro que pide a gritos su llegada.

A nivel visual es notable, a nivel psicológico y como viaje espiritual, mental y emocional es notable, a nivel técnico es notable, a nivel estructural me parece muy interesante y lo único que separa al público de la satisfacción al fracaso es ese clic, pulsar ese botón que te lleve a la luz, que no te siga arrastrando a la oscuridad de una película aparentemente lenta y carente de emoción que te lleve a la depresión, ese saber valorar más allá de la simpleza visión comercial de una aventura espacial y poder ver no solo ese viaje como tal, sino ese viaje emocional, esa lucha mental por curar una alma destrozada por la culpa, la decepción, la incapacidad de sentir, un viaje por las dos caras de la luna, un viaje de ida sin saber si hay vuelta, un viaje  como ya dijo mi compañero de butaca, a través de la inmensidad del alma. 

Es una película para desgranar con calma y valorar en frío como ya dijo el tercer eslabón de la sala, es una película que no es para todos los públicos

Lo mejor: La atmósfera creada.
Lo peor: Que no va a gustar a todo el mundo.
publicado por Francisco Javier Sánchez Palazón el 7 octubre, 2019

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