El Lute II: Mañana seré libre

Las dos películas que Vicente Aranda dirigió a finales de los años ochenta sobre la historia de El Lute llegaron juntas: “Camina o revienta” en 1987 y “Mañana seré libre” en 1988. Ambas son adaptaciones de dos de los seis libros que el propio Eleuterio Sánchez escribió sobre sus vivencias, por lo que era lógico que se estrenaran juntas, al menos estas dos ya que la gallina no dio para más. Ambas, son el principio, el “segundo acto” y el desenlace de todo lo que le ocurrió al protagonista desde que era un merchero nómada por los caminos de Extremadura hasta su detención en 1973, tras la que escribió los libros.

Desde un punto de vista puramente cinematográfico, esta segunda parte es algo prescindible: El Lute está encerrado en el penal del Puerto de Santa María y vuelve a escapar ayudado, esta vez, por sus hermanos. A partir de ahí la cinta transcurre por la vida más extrema y al margen de la ley que vivió la familia Sánchez, “El Lute y los hermanos del Lute”, como se gustaron ellos nombrar, entre nuevos delitos, enfrentamientos con la policía y persecuciones más propias de las películas de Hollywood que colmaban los cines del momento que de los “Santos Inocentes”, “La Colmena” o “La casa de Bernarda Alba” patrios. Es una película a caballo entre las aventuras y el drama con un ritmo algo pesado y cargada de subidas y bajadas al cielo de la opulencia y las más sucias cloacas.  Interesa, eso sí, la España gitana y costumbrista de aquellos años 80 que muestra en la que la tradición cultural seguía profundamente arraigada a determinados grupos sociales de nuestras ciudades. Todas estas vivencias alejan a un Eleuterio Sánchez perseguido por el propio Lute de su propio deseo: vivir como un payo, huir de la miseria, enseñar a su familia a leer y escribir y así dejar en el camino unos fantasmas empeñados en acompañarle hasta el final de sus días.

A la interpretación de Imanol Arias hay que seguirle sumando populares nombres del cine español del momento como Jorge Sanz o Pastora Vega en papeles importantes para la historia más que para sus propias carreras profesionales o una Terele Pávez con una aparición tan efímera como inolvidable.

Al final Eleuterio -siempre ha pedido que se le distinguiera del personaje de El Lute- lo consiguió. Quedó en libertad definitivamente el 20 de junio de 1981 y llegó su ansiado “mañana seré libre” pese a haberse dejado en el camino media vida y haber reventado más que caminado. ¿Mereció la pena? Él dirá que no tuvo elección haciendo de ésta una buena historia que, cómo no, llevar a la literatura, el cine, la música o el teatro.

Lo mejor: El retrato social de la cultura gitana.
Lo peor: El ritmo.
publicado por Antonio Carralón el 11 septiembre, 2019

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