Green book

Desde sus inicios, el cineasta Peter Farrelly (junto con su hermano Bobby), ha estado ligado a la comedia más soez y provocativa, las cuales tuvieron su punto más álgido a mediados de los años 90, con cintas como “Dos tontos muy tontos” (Dumb and Dumber, 1994) y “Algo pasa con Mary” (There’s Something About Mary, 1998), que los catapultaron a la cima del humor más irreverente y de mal gusto. Así que a priori, tras el visionado de su última película, “Green book”, cabe mencionar que su estilo, o la manera de de abordar una comedia, ha dado un giro de 180 grados con respecto al resto de su filmografía. Dirigida en solitario (sin su hermano Bobby), “Green book” nos cuenta una historia real ambientada en los Estados Unidos en plena década de los 60. Tony Lip es un brusco y mal hablado italoamericano que consigue trabajo como conductor del Dr. Don Shirley, un refinado y virtuoso pianista afroamericano. Juntos, realizarán una gira de conciertos desde Manhattan hasta los conservadores estados del sur. Lip acompaña y protege al pianista durante este tour musical, en el que se guiarán por el ‘Libro Verde’, una guía con los alojamientos de los estados sureños, donde los ciudadanos negros podían pasar la noche. Con el racismo y el peligro como telón de fondo, esta inusual pareja se ve obligada a dejar de lado sus diferencias para salir adelante en el que será el viaje de sus vidas. Lo más destacable de esta propuesta es sin lugar a dudas la maravillosa relación entre sus dos protagonistas, interpretados de forma magnífica por Mahershala Ali y un Viggo Mortensen que ha engordado 20 kilos para dar vida Tony Lip. Shirley y Tony, auténticos polos opuestos, van forjando una peculiar y entrañable amistad mientras van solventando todos los contratiempos que les van saliendo a lo largo de ese viaje por carretera por la profunda América sureña. La genial relación entre estos dos magníficos personajes me ha recordado vagamente a la propia de la película francesa “Intocable” (Intouchables, Olivier Nakache y Eric Toledano, 2011), debido a que todo ello está abordado con un sentido del humor muy sutil; además de un pequeño trasfondo de tristeza (genial la escena en el que Shirley y Tony se quedan tirados en medio de la carretera, al lado de un campo en el que hay esclavos negros recogiendo algodón, frente a la visión del pianista, una persona afroamericana de clase alta y adinerada). Es chocante comprobar la hipocresía por la que se movían las clases altas norteamericanas en aquella época, capaces de alabar el sensacional talento de un pianista afroamericano y al mismo tiempo no dejar que pueda ir al baño, o negarle la entrada al comedor del restaurante. Esto es algo que hemos visto en infinidad de películas, como por ejemplo en “Criadas y señoras” (The Help, Tate Taylor, 2011). Es pertinente mencionar que el guion está escrito a tres bandas por Nick Vallelonga (hijo de Tony Lip), Brian Curry y el propio Peter Farrelly; que demuestra su valía como guionista cuándo tiene una historia interesante que contar, así que pienso sinceramente que puede alzarse con la estatuilla dorada al mejor guion en la próxima edición de los premios Oscar. Con respecto a su particular título, cabe decir que hace referencia a “The negro Motorist Green Book” (que a su vez también se la conocía como “The negro Travelers Green Book”), una guía que fue publicada entre 1936 y 1966 en Estados Unidos por Victor Hugo Green, un empleado postal afroamericano de Harlem, Nueva York, que a partir de la década de 1930 comenzó a recopilar datos sobre aquellas tiendas, moteles y estaciones de servicio en la zona de la ciudad de Nueva York donde acogieran viajeros negros. Tras la popularidad de la guía, Green comenzó a expandir su cobertura a otros destinos de los Estados Unidos y también agregó hoteles y restaurantes. En resumidas, la guía garantizaba a su lector vacaciones sin agravantes. Como dato anecdótico es pertinente indicar que Frank Anthony Vallelonga, más conocido como Tony Lip, después de acompañar a Don Shirley en su gira sureña inició una fructífera carrera como actor de cine profesional. Su debut fue en la obra maestra de Francis Ford Coppola “El Padrino” (The Godfather, 1972) en un pequeño papel, tras conocer a Coppola en el Club Copacabana, donde Lip era el gerente general. A partir de entonces apareció en casi una treintena de películas, como “Uno de los nuestros” (Goodfellas, M. Scorsese, 1990) o “Donnie Brasco” (Mike Newell, 1997), y en algunas series de televisión, siendo su personaje más conocido el del jefe mafioso Carmine Lupertazzi en “Los Soprano” (David Chase, 1999 – 2007). Tras este pequeño inciso, se podría comentar que quizás a la película le falte un poco de mala leche; es decir, que el tema de la segregación racial se podía haber tratado con un poco más de amargura. Sin embargo, en líneas generales, se trata de una película notable, con un guion magnífico y unas interpretaciones maravillosas. Sin duda, una película entrañable sobre la aceptación y la superación de barreras.
Lo mejor: La genial química entre Mahershala Ali y un Viggo Mortensen que ha engordado 20 kilos para crear a su personaje, su acertado sentido del humor y sus buenas intenciones, que la convierten en una propuesta interesante y agradable de ver.
Lo peor: Quizás le haya faltado algo de mala leche en su historia, una mala leche que sí tenía, por ejemplo, "Criadas y señoras"; y además, la dirección de Peter Farrelly es bastante plana; es decir, está carente de toda personalidad (aunque esto si lo miramos bien es algo bueno ¿No creéis?).
publicado por Oscar Vela Peris el 16 septiembre, 2019

1 Comentario

  • Una cinta predestinada a los Óscars que se llevó 3. A mí me gustó, sin más. Es entretenida y entiendo sus Óscares pues estos premios son para el gran público y Green Book es una historia muy del gran público. Por otro lado, gracias por la información sobre el pasado cinematográfico de Tony Lip, no sabía que habías sido tan prolífico, jeje.
    ¡Un abrazo!

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