Infernal affairs (juego sucio)

A principios de la década del 2000 la industria cinematográfica hongkonesa atravesaba una crisis artística importante. Si bien es cierto que hasta ese momento el cine de acción había exportado talentos como los de John Woo, Ringo Lam o Ronny Yu entre otros, en el que sus películas competían de tú a tú con las superproducciones estadounidenses en la taquilla nacional, siendo rentables antes incluso de que se estrenaran, debido principalmente a una eficaz estrategia de marketing por parte de la distribución en los países asiáticos; la reiteración de fórmulas en los 90 y el posterior descenso en la producción de títulos, propiciaron que fuera víctima de su propia fama. Dentro de este contexto, la aparición de un proyecto como el de “Infernal Affairs” arrojó aires de renovación a un cine de acción que presentaba preocupantes signos de estancamiento. Sus artífices fueron los cineastas Andrew Lau y Alan Mak, que concibieron la historia como una trilogía conceptual, que relataba a través del filme en cuestión, la precuela y la secuela posterior, una trama bastante original y sugestiva, que gira en torno a dos infiltrados que hacen todo lo posible para desenmascararse mutuamente: uno es un mafioso que se hace pasar por agente en el departamento de policía, y el otro es un agente de policía que aparenta servir a la triada hongkonesa. “Infernal Affairs” (titulada de mala manera en España como “Juego sucio”, y con un inapropiado cartel en el que se sacaban a una despampanante mujer de la chistera), mantenía parte de aquella esencia que hizo grande el cine de acción hongkonés; sin embargo, dejaba un poco de lado el acervo pirotécnico local para acercarse más al característico estilo hollywoodiense. Repleta de secuencias de acción y tensión, con unos personajes que transitan en la fina y ambigua línea entre el ying y el yang, y con un guión y dirección que rezuma inteligencia y sobriedad por todos sus poros; la cinta se erige como una grandiosa muestra de cine noir, con un remarcado trasfondo budista que sirve de marco a esta intriga de lealtades, crímenes y falsas identidades. Fue tal su éxito, que el cineasta estadounidense Martin Scorsese, ferviente seguidor del cine asiático, puso los ojos en esta maravilla, adquiriendo los derechos por 1,3 millones de euros, para realizar una adaptación cinematográfica que le permitiera volver a su género fetiche. “Infiltrados” (“The departed” en su título original) reconcilió a Scorsese con la academia de Hollywood, ganando por primera vez en su trayectoria los premios Oscar al mejor director y película, algo por otro lado bastante curioso, viendo la notable trayectoria de Marty, ya que quizás es su filme más impersonal; no obstante, a Alan Mak (uno de los directores y guionistas del filme original) le decepcionó el hecho de que se cambiara el final, el cual afirmó, en una entrevista para el rotativo hongkonés “South China Morning Post”, que había perdido el simbolismo porque la clave era que el personaje más oportunista sobreviviera, y así poder enfrentarse a un mundo repleto de falsas apariencias.Además, también criticó el gran parecido entre ambas cintas, ya que esperaba la inclusión de nuevos elementos; aunque finalmente agregó que estaba feliz porque es como si “Infernal Affairs” se hubiera llevado el Oscar.
Lo mejor: La manera en la que abordan sus directores Andrew Lau y Alan Mak esta original historia policíaca, que arrojó aires de renovación al cine de acción realizado en Hong Kong.
Lo peor: Que el brillante remake de Martin Scorsese haya dejado en el olvido a esta película tan notable.
publicado por Oscar Vela Peris el 16 septiembre, 2019

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