La Escafandra y la Mariposa

Resulta curioso que sólo valoramos lo que tenemos al perderlo o cuando tenemos el miedo a que eso ocurra.

Vivimos atrapados en una rutina en la que no mostramos ningún aprecio por cosas pequeñas que nos rodean, cosas que en un plano individual no nos suponen un gran cambio pero en su conjunto son la clave de nuestra vida.

El destino puede ser caprichoso. Hoy gozamos de una salud envidiable y mañana estamos al borde del abismo, como el buzo al que envuelve su escafandra, rodeado de la inmensidad del océano, rodeado de recuerdos, de malas decisiones que ya no podrá reparar.

En el recuerdo, personas a las que hemos fallado y nunca volveremos a ver para hacer penitencia, un inmenso sinfín de pequeñas cosas que antes no eran importantes pero que ahora se fusionan con la soledad y obtienen ese protagonismo olvidado.

En nuestro encierro solo podemos oír el eco de nuestra voz, el eco de nuestros pensamientos en off, rodeados de un silencio sepulcral, un silencio que nos reduce a la nada más absoluta. Así podemos pensar que se siente nuestro protagonista al perder todo por lo que había luchado, todo a lo que un día renunció y todo aquello por lo que tomó esa decisión de renuncia.

Nuestro protagonista expresa con un solo movimiento del párpado aquello que quiere contar, aquello cuya imaginación viva dentro de su conciencia quiere mostrar al mundo, aquellos sentimientos de alguien que permanece encerrado, alguien que lo ha perdido casi todo, alguien que pese a todo quiere seguir viviendo tras el golpe más duro de su vida.

A través del movimiento de algo insignificante que para los demás es solo un párpado, Bauby nos enseña su visión del mundo, el mundo a través de ese simple movimiento parecido al batir de las alas de una mariposa, un mundo que jamás volverá a sentir de la misma forma.

Con una mirada perdida que espera algún día ser encontrada, con una lágrima que recorre un rostro prácticamente sin vida con el único propósito de lograr seguir el camino correcto del arrepentimiento y con el corazón abierto con el sólo altavoz del alma, Dominique plasmará gracias a la imaginación y las ganas de vivir aún no perdidas esos sentimientos que afloran con un acto casi reflejo que será transformado en palabras.

La fe, mantener un objetivo en su efímera vida, o el reflejo de los que luchan por mantener esa causa perdida incondicionalmente sin pedir nada a cambio, es lo que mantiene el amor por la vida y por los que algún día formaron parte de ella.

Trabajo diferente al habitual en un drama, simpleza, sutileza, ternura, equilibrio entre la compasión y la esperanza sin adornos. No deja de ser un drama sentimentalista que puede buscar la lágrima fácil, pero la forma de contarlo lo hace especial, el mensaje que intenta trasmitir lo hace especial, la fotografía desde el ojo del drama más desolador lo hace especial.

Ama a la vida y a los que te rodean, porque el destino puede ser muy caprichoso. 6.5/10

Lo mejor: El gran ambiente dramático conseguido
Lo peor: Su lentitud

publicado por Francisco Javier Sánchez Palazón el 20 julio, 2019
muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.