¡Muera la policía. Viva la golfería!

★★☆☆☆ Mediocre

Navajeros

El Jaro fue un famoso y precoz delincuente español que montó en Madrid una banda de más de treinta jóvenes criminales. Era irreverente, valiente, carismático y chulo, muy chulo, y el típico protagonista de película escrito para convertise en una estrella. Por eso Eloy de la Iglesia lo eligió para adentrarse de lleno en el mundo del cine quinqui como tal después de dos acercamientos a un cine de temática similar, a las cloacas del inframundo de la sociedad con “Los placeres ocultos” y “Miedo a salir de noche”.

Navajeros cumple con los cánones del quinqui. En ella, un chaval maltratado por la vida, por una madre alcohólica y ausente, decide sobrevivir en una ciudad que siente más como un campo de batalla en el que merece la pena morir que como una oportunidad en la que buscar redimirse. En el Madrid de la confluencia de las décadas de los setenta y los ochenta había pocas salidas para los miserables y era fácil que un chaval de provincia sin recursos ni educación ni cariño acabara delinquiendo. El Jaro, el primer papel en la breve carrera cinematográfica del inolvidable José Luis Manzano, se tomó esta premisa al pie de la letra y lo hizo sin las señas de identidad de los otros personajes del género. Él robaba pero sin sentirse culpable como el Lute y sin la humildad del Torete, él lo hacía con chulería y hasta con sarna porque Madrid, la sociedad, España, le habían maltratado a él y la venganza estaba justificada.

Los personajes malvados lo son por cómo les ha tratado la vida, pero siempre tienen un lugar bueno, una cara bondadosa que en el cine quinqui despierta gran empatía en el espectador. Para encontrar esto en El Jaro hay que penetrar muy dentro de su corazón. Si bien es un rompe corazones que con quince años consigue todo lo que quiere, acaba enamorándose de una prostituta en la que busca a su madre, su amiga, quien le cuide y quien, a fin de cuentas, le salve. Con ella sufre, habla y se deja descubrir, no sin resistencia, como el joven que vino a Madrid desde Villatobas, como José Joaquín Sánchez Frutos.

La película, pese al bajo nivel técnico propio del género, es una de las mejores de Eloy De La Iglesia y está rodada con cuidado, con buenos secundarios (José Sacristán, Isela Vega, José Manuel Cervino) Y deja entrever cierta influencia de grandes obras protagonizadas por delincuentes de los años setenta que le da un aire de culto muy interesante. Ojo a la pelea en el Retiro y la música clásica de fondo (La Naranja Mecánica) o al momento en el que manadas de jóvenes acuden por las oscuras calles de la ciudad a la llamada de la venganza (The Warriors)

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publicado por Antonio Carralón el 22 octubre, 2019

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