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Una mancha negra en el cine quinqui.

★☆☆☆☆ Pésima

Yo, el Vaquilla

José Antonio de la Loma, el artífice de la trilogía de trilogías del cine quinqui: “Perros callejeros”, “Perros callejeros II” y “Los últimos días del Torete (Perros callejeros III)” nunca fue un gran director. Antes de dar con la historia del Vaquilla, protagonista de esta película, llevó al cine a otro quinqui de pro: el entrañable Ángel Fernández Franco, y antes, terribles y malísimas películas de acción más de serie B que todas las realizadas hasta la fecha. Después siguió cultivando el género y también se atrevió a volver al cine quinqui sin pena ni gloria con “Perras callejeras” y ésta “Yo, el Vaquilla”, una adaptación de las memorias del propio Juan José Moreno Cuenca.

Rodada como un biopic y relatada a través de una entrevista ficticia a Moreno Cuenca llevada a cabo por el mítico periodista Xavier Vinader Sánchez dentro de los muros de la cárcel, es una sucesión de escenas terriblemente grabadas, llenas de gazapos, mal iluminadas y fatal montadas, en las que las interpretaciones no pueden ser peores. Desconozco lo que se tardó en grabar ni en qué consistió el casting más allá de buscar a “futuras estrellas de cine quinqui” en los poblados de chabolas de Barcelona, pero el resultado no puede ser más nefasto y deja las actuaciones del malogrado José Luis Manzano en un pedestal.

La historia es lo único que se salva pese a estar contada con un atropellamiento y un poco cuidado vergonzante, porque es la historia de los inicios del Vaquilla, el delincuente juvenil más famoso de España, ese niño abandonado que anduvo de robo en robo del Campo de la Bota de Barcelona a las playas de Gerona pasando por Perpignan sin encontrar su sitio. En la película se sucede hasta llegar al aburrimiento la siguiente fórmula a) Los chavales roban un coche. b) La policía les persigue disparo va, disparo viene (fallando todos menos 1, que yo haya contado). c1) No les pillan y vuelven a casa a contar el botín. c2) Les pillan y les encierran en el reformatorio. Y d) Se escapan del reformatorio tras recibir alguna que otra paliza y vuelven al punto a.

Por ello, esta es una película prescindible e innecesaria, una mancha negra en el cine quinqui que, si bien nunca se caracterizó por la profesionalidad de sus interpretaciones y la calidad de su cuadro técnico, (Lutes y estanqueras de Vallecas aparte) sí se rodó con un poco de cuidado y algo de respeto por el género y sus sufridos protagonistas.

Lo mejor: ¿Es necesario?
Lo peor: TODO.
publicado por Antonio Carralón el 19 septiembre, 2019

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