La película revela que sí, que es verdad, que Sofía Coppola se aburre mucho.

★☆☆☆☆ Pésima

María Antonieta

Es como si lo estuviera viendo. La joven, rica y hastiada-de-tanto-lujo Sofía se termina de leer ‘Maria Antonieta: el viaje’ de Antonia Fraser, se echa en la cama con aire soñador, suspira y dice «¡Aish! Me siento tan desgraciada e incomprendida como María Antonieta. Voy a llevar al cine su triste vida». Y va a casa de Francis Ford y le dice: «Papá, este año para mi cumple quiero que me regales financiación para un proyecto muy personal». Y Francis se estremece al acordarse de ‘Corazonada’, pero cuando cuando su hija le dice «pooorfaaaa», no se puede negar y le produce la película. «Pero con una condición, Sofía: haz algo que dé dinero».

Y así (me imagino), Sofía se inspira en el libro de Antonia Fraser para contar el lado más humano y superficial de la última reina de Francia en ‘Maria Antonieta’, su última película. La historia de una niña de quince años que aterriza en la corte de Versalles en todo su decadente esplendor contra su voluntad, convirtiéndose primero en blanco de todos los cuchicheos y después en cabeza de turco (nunca mejor dicho) de la sangrienta revolución francesa.

Pero claro, esto último no es lo que Sofía quiere contarnos. Lo que a ella le interesa de María Antonieta (Kirsten Dunst en una interpretación que confirma la leyenda sobre las rubias) es que era joven, guapa, no le gustaban los protocolos, le encantaba ir de compras y a la pelu, salir de fiesta, comer pasteles y flirtear con jóvenes militares. Ah, y que se aburría mucho, la pobre. Tanto se aburría que la Coppola nos tortura con una hora y cuarto de «adaptación de María Antonieta a la corte» en la que pasa lo mismo una y otra y otra vez: me levanto, voy a misa, cotilleo, veo al embajador, ceno, intento que mi marido cumpla en la cama, me duermo. Y vuelta a empezar. Su marido no le hace ni caso. Sus únicas salidas para la depre son comer pasteles, comprar zapatos y cambiar su peinado (un discurso algo dado al cliché el suyo, srta. Coppola). Lujo y bostezos, todo es uno en esta parte de la película. Sólo un par de escenas de esas de parranda y el personaje de Asia Argento se salvan del sinsentido.

Después de esa hora y cuarto es cuando Sofía se decide a mostrarnos la evolución del personaje: de princesita campechana y desubicada (muy a lo ‘Sissi emperatriz’, tampoco es nada original) pasa a ser reina de Francia y madre casi a la vez, sufre un repentino ataque de madurez y se retira a una casita de campo con su hija, a jugar a los granjeros, provocando aún más bostezos entre el público. Destaca el plano en el que ella y sus amigos nobles (su marido no, claro) pasean en una barquita por un hermoso lago con una expresión de aburrimiento sólo comparable a la mía en ese momento. Es la etapa «soy una mujer complicada» de María Antonieta, ya que tan pronto está jugando con su niña como se está tirando a un oficial sueco. Su marido sigue pasando de ella.

Y para el tramo final, Sofía Coppola ya ha contado todo lo que a ella le interesa del personaje, que ya es madre y ya no gasta tanto en fiestas y champagne… así que recurre (ahora sí) a los hechos históricos para finiquitar la monarquía y todo lo que representa. Ésta es la parte más ágil, quizá porque dura unos cinco minutos. A la hora de la verdad, Sofía no se atreve a rebajar a su heroína hasta el extremo de la decapitación, ni se abstiene de insertar un plano de una habitación del Versalles destrozado, para que todo el mundo vea lo que se perdió con la Revolución. Malditos pobres, cargarse a un lugar y una gente tan «cool»…

Al margen de tan lamentable visión de un personaje, Sofía Coppola cuenta con un primer operador competente como Lance Acord, y un diseñador de producción, K. K. Barrett, que recrea a lo bestia la jaula de oro que era Versalles (con especial detalle en la comida). Los actores representan unos muñequitos snob, decadentes y sin preocupaciones con similar fortuna (destacan Asia Argento, la única plebeya de la función, Jason Schwartzman como el Borbón pasmado de turno y Kirsten Dunst por su personaje de encefalograma cuasiplano y porque sale más mona de lo normal). Y ya.

Y al final uno se acuerda del trailer ése en plan poppy con canciones ochenteras y ritmo acelerado y se da cuenta de que esa intención corresponde a unos 10 minutos del total de la proyección, ya que el estilo es pomposo y desmayado en la mayor parte del film. Pero la Coppola ha hecho caso a su padre y ha sabido vender su visión del ocaso de Versalles como un clip fashion para nostálgicos del sintetizador. Al menos, ‘María Antonieta’ no será lo que ‘Corazonada’ fue para su padre, y Sofía podrá seguir comiendo pasteles durante una buena temporada.

En fin, nunca tan poca chicha dio para escribir tanto. La película que revela que sí, que es verdad, que Sofía Coppola se aburre mucho. Un 3,5.
Lo mejor: Los extravagantes menús que disfrutan los reyes de Francia, y algún momento sexy de Kirsten Dunst.
Lo peor: La sensación de que has perdido 6 €, por no hablar de las dos horas de tu tiempo.
publicado por Plissken el 21 enero, 2007

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