Una maravillosa demostración de poderío del cine alemán, que de paso nos da una colleja y nos enseña que el secreto de una buena adaptación está, como los buenos perfumes, en su esencia: la historia que cuenta y el respeto a la misma.

★★★★★ Excelente

El perfume

En un final de año en el que me he tragado cosas como ‘Los Borgia’, ‘Alatriste’ o ‘El ilusionista’, ya tocaba una película de época en que luzca por algo más que por el vestuario o la fotografía. El alemán Tom Tykwer dirige con oficio de veterano una afortunadísima adaptación de ‘El perfume’, la archifamosa novela de Patrick Suskind, que o me ha pillado con la guardia baja o simplemente me ha encantado. Yo creo que lo segundo más que lo primero. Trato de razonar.

Para los dos o tres rezagados que no han leído el libro, ‘El perfume’ cuenta la vida de Jean-Baptiste Grenouille, un chaval que es parido entre cabezas de pescado podridas en un suburbio del Paris prerrevolucionario. Odiado por todos sin aparente razón y apaleado sistemáticamente desde que nace, Grenouille tiene un maravilloso don olfativo, y una obsesión: conocer todos los olores, diseccionar el mundo en que vive a través de sus aromas y hedores. Grenouille está llamado a una misión por encima de su propia vida (y la de los demás): encontrar el perfume perfecto, la fragancia ideal.

En una de las mejores (por fieles y por cinematográficas) adaptaciones que se han hecho en los últimos años, Tykwer establece un código narrativo marcadamente visual desde el minuto uno y lo lleva a sus últimas consecuencias, apoyado, eso sí, en una narración en off en algunos momentos (necesaria, por otra parte, y nunca abusa de ella). No encontrarás en ésta película cansinos diálogos explicativos, ni flashbacks ofensivos, ni giros de guión espectaculares. el ritmo pausado pero firme de Tykwer, siempre contando, siempre mostrando, consigue que las dos horas y media de metraje pasen en un suspiro, y te mantienen al borde del asiento aunque conozcas el desenlace de antemano. Nada de montaje videoclipero (bueno, un poquitín al principio para marcar el ritmo), tan sólo una forma de contar la historia apropiadísima para el texto que narra.

Luego están los actores. Ben Wishaw es el perfecto Grenouille, de aspecto anodino y andares simiescos, pero de una expresividad espectacular. Ayuda muchísimo este actor a no tener que contar cosas con la voz en off, a veces un simple olfateo suyo basta para entender al personaje. Le arropan un Dustin Hoffman a sus anchas con el personaje del decadente Baldini; el siempre señorial Alan Rickman; y la jovencísima Rachel Hurd-Wood no desentona con el resto, que ya es bastante. Mención especial a la bellísima (realzada aún más por la foto y el maquillaje) y breve aparición de Karoline Herfurth.

Todos los aspectos técnicos del film rayan a gran altura: fotografía y planificación de Frank Griebe que, por momentos, evocan los olores sin palabras; música de Reinhold Heil, Johnny Klimek y el mismo Tom Tykwer que complementa la acción perfectamente; y la enorme dirección artística de Uli Hanisch (el director de arte de ‘El Experimento’), ayudado por los 50 millones de € de presupuesto, claro. Todos menos Hanisch forman el equipo de trabajo habitual de Tom Tykwer.

Una maravillosa demostración de poderío del cine alemán, que de paso nos da una colleja y nos enseña que el secreto de una buena adaptación está, como los buenos perfumes, en su esencia: la historia que cuenta y el respeto a la misma.

Un 9. Por ponerle un pero, hay un aspecto clave sobre la personalidad de Grenouille que no queda suficientemente bien explicado, en mi opinión. Cosas mías.
Lo mejor: El estilo visual de Tom Tykwer, a años luz de el acartonamiento de otros a la hora de dirigir producciones de época. Y Ben Wishaw, con una interpretación impactante.
Lo peor: Faltan detalles sobre el porqué de la naturaleza asesina de Grenouille.
publicado por Plissken el 29 noviembre, 2006

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