En cualquier caso, ésta película es un buen ejemplo para poder distinguir la narración del fondo ambiguo, vivo y sutil sobre el que debería sustentarse. Y no lo hace.

★☆☆☆☆ Pésima

Los fantasmas de Goya

La prepotencia del ser humano y la intransigencia inquisitorial se sitúan en el centro de todo el entramado histórico que se nos muestra comprimido y pulido para un consumo rápido en este nuevo filme de Milos Forman, otro de los grandes cineastas que ahora nos resulta irreconocible.

Puede que se den muchas hipótesis para intentar dilucidar el motivo por el cual se eligió a Goya como excusa para filmar un relato muy trillado sobre la inquisición española y las consecuencias de la invasión napoleónica. En cualquier caso, ésta película es un buen ejemplo para poder distinguir la narración del fondo ambiguo, vivo y sutil sobre el que debería sustentarse.Y no lo hace.

La historia, en sí misma, podía ofrecer más de lo que ha dado, y sin duda el relato fluye con bastante sentido del ritmo y la progresión de los acontecimientos, casi sin dar respiro al espectador, avanza a velocidad vertiginosa. Muchas son las cosas narradas en cien minutos, pero el contenido es tan hierático, espeso, abrupto y carente de vida propia más allá de unos personajes que parlotean y van de un lado a otro, que termina por desinflarse y convertirse en otro folletín más al uso, plagadito de lugares comunes y situaciones dramáticas bochornosamente exentas de ningún atisbo de sutileza.

Es decir, esta película es un producto tan plano, tan inerte, tan obvio, tan mecánico, que uno no puede entender cómo es posible que esté auspiciado por un cineasta como Forman y que, encima, se permita el lujo de iniciar su patética andadura con una evocadora banda musical que acompaña a las sugestivas imágenes de los cuadros de Goya.

No es que la historia narrada sea “densa” o demasiado complicada, es más bien la vacuidad generada en el trato de cada uno de los elementos temáticos, los perfiles psicológicos o en la ineficaz estructura que pretendía articular todo el conjunto: desde el drama individual representado en los personajes interpretados por Bardem y Natalie Portman hasta el drama colectivo, y Goya como enlace y perspectiva neutral entre ambos. Deslavazada y esquemática, la narración desemboca en un superfluo y vergonzoso “muestreo” de una época y unos hechos representados con tal simplismo, tanto en el texto como en lo visual, que mejor será ahorrarse el tiempo y el dinero que cuesta una entrada de cine.
publicado por José A. Peig el 13 noviembre, 2006

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