Demasiado basada en hechos reales y nos lo dan todo hecho. Incluso lo repiten un par de veces por si no nos hemos enterado. Y eso al espectador, que no es tonto, le aburre.

★★☆☆☆ Mediocre

Gal

El histrionismo exagerado mancha este thriller que, sin embargo, puede funcionar de la misma manera que El Lobo, aunque sólo si uno se olvida del rigor histórico.

Después de aquella historia sobre el infiltrado Mikel Lejarza, había otro episodio relacionado con la banda terrorista ETA que debía ocupar sus fotogramas correspondientes. Una aproximación en GAL que no cumple las expectativas creadas.

El caso de los conocidos Grupos Antiterroristas de Liberación llega tamizado por la mirada de Miguel Courtois que trabaja el mundo de las evidencias. Realidades posibles asumidas como certezas y corrompidas a su vez por el desgarrado empeño personal de Melchor Miralles, cabeza visible de Mundo Ficción y uno de los artífices de la investigación periodística de 12 años que sacó a la palestra el caso GAL. En demasiadas ocasiones, un buen guionista (Antonio Onetti) no hace milagros.

Viendo la película uno tiene la sensación de que no es ecuánime, aunque a estas alturas sabemos que la objetividad no existe y menos en el cine, un terreno abierto a toda clase de subjetividades al regirse por el principio de la creatividad. Sin entrar en la sustanciosa materia histórica –verán como cuesta-, GAL se adentra en la profesión periodística: la que se muestra independiente, la que se intenta manipular, la que tiene intereses… Nadie está libre de pecado.

La trama protagonizada por pistoleros, aguerridos reporteros, confidentes y víctimas que también son verdugos nos llega a ritmo de video-clip, como el de una secuencia que chirría por encima de las demás al tratar en paralelo asesinatos y lujos costeados a golpe de tarjeta. No dejamos atrás los personajes estereotipados al máximo. Llegados a este punto no cumplimos lo prometido y caemos en las similitudes con la historia: un ejemplo, el siempre convincente Jordi Mollá que aquí da vida a un ser que recuerda al subcomisario José Amedo, con el descaro de Torrente y el deje de José María Aznar.

Es el más caricaturizado de un reparto hilarante: Abel Folk se mete en el cuerpo de Pedro J. Ramírez; José Ángel Egido trabaja un personaje a medio camino entre los ex ministros del Interior Corcuera y Barrionuevo; el ‘hombre de la tónica’ da vida a la parodia de Felipe González -ese acento, por favor- y se relata el ‘erróneo secuestro’ de Segundo Marey. Más conseguidos están los secundarios a los que dan vida Ana Álvarez, Mercé Llorens, y Mar Regueras. Pero la pareja protagonista flojea: no te crees las afirmaciones de manual que suelta el personaje de Verbeke y quedan ridículos los guiños del enamoradizo interpretado por García.

A nadie se les escapa que detrás de esta película está buena parte de la gente que montó El Mundo del Siglo XXI pero son tan claras las referencias que no se deja vía libre a la imaginación y mucho menos a la interpretación. Está demasiado basada en hechos reales y nos lo dan todo hecho. Incluso lo repiten un par de veces por si no nos hemos enterado. Y eso al espectador, que no es tonto, le aburre.
publicado por Daniel Galindo el 13 noviembre, 2006

Enviar comentario

Leer más opiniones sobre

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.