Más que una película de ficción debería ser considerada únicamente como un ejemplar testimonio de la realidad de una buena parte de la juventud española actual, y como tal merece la pena verla.

★★☆☆☆ Mediocre

Yo soy la juani

Hay algunos cineastas que por una u otra razón, por el talento que tienen, los temas que tratan, o una mezcla de ambos, nunca dejan indiferente a nadie. En el cine español hay muchos realizadores que se ajustan a esta descripción, y el catalán Bigas Luna es sin duda alguna, un claro ejemplo. Películas como Las Edades de Lulú, Jamón, Jamón o Huevos de Oro forman ya parte de la mitología de la cinematografía española (no solamente por haber descubierto y consagrado a Javier Bardem y Penélope Cruz), y supusieron una nueva forma de entender la narración en el cine. Ahora, cinco años después de Son de Mar, Bigas Luna presenta al público su visión del icono de la mujer moderna española, la Juani.

Con este nuevo film, Bigas Luna también buscaba el descubrimiento de una nueva actriz, y a ello se dedicó durante seis meses, buscando a la intérprete perfecta para dar vida a ese nuevo icono. La Juani (Verónica Echegui) es una joven que sueña con convertirse en actriz y ser una gran estrella, a pesar de su padre, enfermo, y del barrio donde vive, una zona deprimida de las periferias de una gran ciudad. Su novio Jonah (Dani Martín) son un apasionado del tunning, hasta el punto de vivir dedicado a ello en cuerpo y alma. La Juani y su mejor amiga Vane (Laya Martí) deciden ir a Madrid a triunfar, aunque una vez allí descubrirán que el éxito no se conquista tan fácilmente.

La mejor cualidad de Bigas Luna en la película es la de retratar una realidad social que una buena parte de la población desconoce o que mira hacia otra parte. Los personajes, su carácter, su ambiente, el modo en que expresan sus sueños y ambiciones, a través de tunning, quedan reflejados a la perfección. No obstante, hay que reconocer que la ficción que se levanta sobre esa recreación es bastante endeble, sin fuerza ni emoción. El guión es simple y previsible, los personajes ni avanzan ni evolucionan, y la trama es incapaz de enganchar ni al espectador más predispuesto a ello; eso sí, en ocasiones se ve sumergido en un desenfreno visual y musical sin fin aparente. Se nota a la legua la intención de realizar una segunda parte, si el beneplácito del siempre cambiante público acompaña. Por su parte, los actores están en general en un tono medio-alto, aunque sin grandes alardes por parte de ninguno de ellos.

Yo Soy la Juani, más que una película de ficción debería ser considerada únicamente como un ejemplar testimonio de la realidad de una buena parte de la juventud española actual, y como tal merece la pena verla.
publicado por Francisco Bellón el 12 noviembre, 2006

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