El que fue uno de los más crudos enemigos (fílmicos, se entiende) de Maggie Thatcher en los años 80, vuelve la vista atrás hacia una semana en la que para mucha gente cambió por completo el concepto que tenían sobre la monarquía.

★★★★☆ Muy Buena

The Queen

Stephen Frears ha comenzado el siglo atento a lo que se cuece en su país, es más, buscando claves que interpreten la actualidad de esa isla que una vez fue un imperio. ‘The Queen’ es buena prueba de ello. El que fue uno de los más crudos enemigos (fílmicos, se entiende) de Maggie Thatcher en los años 80, vuelve la vista atrás hacia una semana en la que para mucha gente cambió por completo el concepto que tenían sobre la monarquía.

El 31 de Agosto de 1997 fallece en París Diana Spencer, ex-esposa del príncipe Carlos de Inglaterra. El mundo entero, conmocionado, llora la muerte de Lady Di. La prensa eleva a los altares a la princesa plebeya. El recién formado gobierno del laborista Tony Blair se encuentra con una patata caliente que pronto se torna oportunidad de lucimiento para el joven líder. ¿Y la familia real? De vacaciones, en Balmoral, decide no modificar su protocolo ante la muerte de alguien que ya no es miembro de la institución monárquica. Isabel II, desde sus más de cincuenta años de reinado, decide no exponer a sus nietos (ni a su hijo, ni a ella misma) al torbellino mediático y recluirse en su castillo hasta que la noticia pase, caiga quien caiga. Lo malo es que, esta vez, lo que puede caer es la mismísima Casa Real británica.

Estructurada como una sobria crónica que mezcla realidad y ficción, ‘The Queen’ probablemente pasará a la historia por la excelente interpretación de Helen Mirren, que compone una Isabel II de carne y hueso, tan capaz de conducir un jeep o andar en bata rosa por la suntuosa residencia de verano como de echar un pulso a todo un país. Ella es el centro de la función, aunque la sombra de su fallecida y odiada ex-nuera es muy alargada, y está tan lleno de matices su personaje que resulta una delicia ver cada gesto (atentos a las manos en los momentos de estrés), cada mirada, cada frase. Muy alejada del cliché de personaje histórico tan socorrido en los biopics, Helen Mirren estará en la batalla por el Oscar a la mejor actriz.

Y hay más. Michael Sheen es un divertido Tony Blair, aunque a veces demasiado caricaturesco. James Cromwell como el rey consorte, Sylvia Syms como la reina madre y Alex Jennings como el príncipe Carlos conforman una berlanguiana familia real, quizá deudora del espíritu de la antigua ‘Spitting images’. Roger Allam, Mark Bazeley y Helen McCrory, ésta última en la piel de una republicana Cherie Blair, tienen también sus momentos de gloria en un reparto coral.

Por otra parte, la puesta en escena de Frears es un ejemplo de elegancia y sencillez, excepto en unos tremendos planos desde helicoptero del grandioso paisaje de Balmoral, el feudo privado de la Reina. Para mi gusto, desentonan totalmente con el resto de la propuesta. Por lo demás, pulcro y directo el estilo de el de Leicester, al servicio de S. M. Helen Mirren.

Como puntos negativos, además de la ya comentada ligereza del personaje de Tony Blair, una cierta falta de garra en Frears a la hora de finalizar la película. La parte positiva es la hilaridad que supone el choque entre esa familia marciana («del planeta Zorg», sugiere un colaborador de Blair) y el resto del mundo. Y también en lo positivo, una pregunta en el aire: ¿Es la monarquía útil dentro de una democracia, o es la misma democracia la que se vale de la monarquía para no sucumbir ante una revolución?

Inteligente, divertida, sensible y prudente (a veces demasiado): un 8.
publicado por Plissken el 1 noviembre, 2006

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