Ni chicha ni limoná. Se queda a medio camino en casi todas sus intenciones.

★★☆☆☆ Mediocre

Alatriste

No quería leer muchos comentarios para no ir al cine condicionado, pero los que leí y escuché de refilón tras el viernes me pusieron en guardia. Y la verdad sea dicha, aunque deseaba que no fuera así, Alatriste es una película que se queda a medio camino en casi todas sus intenciones. Intenta ser una ambiciosa película de cruentas y espectaculares batallas del Siglo de Oro español, pero flojea en este sentido; pretende ser un duro drama que retrata la vida de unos valerosos soldados despreciados por unos gobernantes ineptos y acomodaticios, pero apenas emociona en un par de secuencias intimistas. Su obsesión por recrear la época porque sí, y sin justificación dentro de la historia, lastra el ritmo de la película, soporífera por momentos. A todos estos temas se les añaden un par de historias de amores imposibles de las que sólo destaca una secuencia final entre Diego Alatriste y María de Castro (una espléndida Ariadna Gil). No es una mala película, pero tampoco, ni de lejos, la gran superproducción de calidad de nuestro cine que todos esperábamos y algunos, como es mi caso, deseábamos.

Alatriste adolece, en lo visual, de un abuso de las postalitas. Algunas escenas son calcos auténticos en fotogramas de cuadros de la época, como La rendición de Breda de Velázquez. Sin embargo, se muestra conservadora en el uso de la cámara y poco osada en su montaje. En este aspecto, la verdad, nos siguen sacando varios cuerpos los norteamericanos. Y en una cinta respaldada con un presupuesto tan cuantioso, se podría esperar mucho más en el uso del lenguaje cinematográfico. La elección de localizaciones sí parece acertada, en especial en el caso de las escenas urbanas filmadas en Baeza y Úbeda (y no lo digo por barrer para el terruño), pero las secuencias bélicas resultan pobres. Es de alabar ese afán por el verismo en las coreografías de las luchas, sangrientas y crueles, pero también se habría agradecido más agilidad en su desarrollo. No sé si habrá sido el propio Díaz-Yanes quien se ha encargado de filmar las escenas bélicas, pero, en producciones de este tipo, suele ser habitual que esa función sea delegada a directores especializados. Sea como fuere, el resultado aquí no convence.

Pero si consideramos la cinta como un drama de personajes, como un agrio retrato de un Imperio en decadencia, ésta tampoco cumple su cometido. Apenas desprenden emoción un par de secuencias y algunos diálogos, planteados como un ‘tour de force’ actoral entre personajes enfrentados, resultan bastante planos y no desprenden las chispas que debieran. No he leído las novelas, por lo que desconozco si la adaptación es buena o no. Pero, si como he leído, las principales virtudes de aquéllas residen en el desarrollo de unas tramas y subtramas de cierta complejidad, el haber estructurado el guión como una biografía de Diego Alatriste tampoco parece muy acertado. Así, parece que Díaz-Yánez, pese a haber puesto sus mejores intenciones, ha hecho un caótico “copy-paste” de las cinco novelas y el conjunto de su guión resulta de lo más deslavazado.

Y es una pena, la verdad, porque en ella están implicados algunos de nuestros mejores actores. Aunque algunos brillen a más altura que otros, yo me quedo con Eduard Fernández en su papel de valeroso soldado, parco hombre y fiel amigo de Alatriste. También destacaría a Javier Cámara como el Conde Duque de Olivares, sobre todo en una secuencia final en la que, ya envejecido, éste sigue empecinado en recuperar la gloria perdida con una contumacia propia del líder enajenado. También sobresalen Ariadna Gil, como amante del héroe, y Juan Echanove, eficaz en su interpretación de Quevedo. En cuanto a Viggo Mortensen, quien sin duda a puesto empeño en construir este personaje de claroscuros, lo tenía todo para ser Alatriste: presencia, intensidad en la mirada, rostro de héroe épico, pero todo su trabajo se viene a pique cuando realiza un denodado esfuerzo por imitar un acento que no tiene. De ahí que sus frases sean un susurro que intenta ocultar su español de acento porteño y vocalización anglófona.

Creo no equivocarme al afirmar que gran parte del público cinéfilo puso muchas expectativas en esta cinta. Basta con echar un vistazo a algunas de las opiniones que enlazo al final de este comentario. Si las añado es porque me suelo fiar del criterio de quienes las firman, y soy consciente de que sus puntos de vista sólo responden a un único criterio: el amor por el buen cine. Ahora bien, confrontadas estas opiniones con las de la prensa convencional, pareciera que unos y otros hayamos visto ‘Alatristes’ distintas. No digo que la crítica mediática se haya puesto de acuerdo, pero me sorprende esta unanimidad de opiniones tan rotundamente favorables. Entiendo que se le pueda desear éxito comercial a una costosa cinta producida aquí e inspirada en hechos de nuestra historia, pero el sentido común, a la hora de valorar, no debiera quedar nublado por las ganas de arrimar el hombro. O, no sé, quizá estemos equivocados quienes no vemos en esta cinta ni chicha ni limoná.
publicado por Matías Cobo el 29 septiembre, 2006

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