Aunque no sea probablemente su mejor película, sí merece un notable, especialmente por la calidad de la fotografía y la perspectiva desde la que se nos muestra los conflictos bélicos.

★★★☆☆ Buena

Jarhead

Cada año, suele estrenarse una media de 5 películas bélicas. Suelo dividarlas en aquellas que pretenden demostrarnos la cruel realidad de las guerras, y las que se centran en los sentimientos y reacciones humanas que suscitan esos momentos.

Jarhead es un film sobre la guerra, pero no de guerra. Quienes améis el cine bélico en su concepto más típico, quizás esta no sea vuestra película: aquí no hay duras y sangrientas batallas, ni escenas y más escenas cargadas de acción. Lo que se nos pretende mostrar es qué hay en realidad de fondo en todos esos soldados, tenientes y cada uno de los hombres (y mujeres, aunque en este caso no las haya) que forman parte de cualquier comando u operación de guerra.

La película se basa en la historia de Tony Swofford, un joven estadounidense que, tras su alistamiento en el ejército y servicio en la Guerra del Golfo, al llegar de vuelta a su país decidió contar, con sus propias palabras y a partir de sus propias vivencias, cómo es el ejército por dentro: cómo es la vida en el desierto, cómo tras meses y meses de aislamiento el ser humano cambia hasta el punto de volverse loco.

No son las batallas lo que priman, sino el día a día: todo gira en torno a la propia soledad y a la convivencia con el resto de compañeros. A pesar de tener un arranque interesante, se echa en falta mayor detalle: se nos presenta al protagonista desde que entra en el cuartel, sin conocer ningún dato sobre su pasado y se antoja insuficiente la representación del entrenamiento al que se ve sometido; algo que puede parecer precipitado al espectador por la rapidez con la que suceden los acontecimientos. Sin embargo, con ello también se quiere hacer notar la total desconexión con el mundo y lo radical del cambio, y para ello se ayuda en algunos momentos, de películas como «La chaqueta metálica» y «Apocalypse Now», a las que hace ciertos guiños con el objetivo de demostrar la visión que los propios soldados tienen de la guerra: ansias de matar.

Con la llegada al desierto de Arabia Saudí para luchar en la Guerra del Golfo, y especialmente con el paso del tiempo, se comienza a observar el verdadero sentido que tiene la película, ese mensaje con el que se inicia y acaba el film: – este es mi rifle, y aunque haya muchos, este es sólo mío. Por muchas cosas que haga en la vida, aunque pueda amar a una mujer, construir una casa…siempre creeré tener el rifle en mis manos, y siempre seré un «cabeza-bote».

Sam Mendes nos refleja desde los ojos de Swofford (Jake Gyllenhaal) y de sus compañeros francotiradores, todas las situaciones que diariamente viven cientos de hombres en el ejército: lo diferentes y a la vez iguales que son las personas…las guerras. Cómo se asume con el tiempo que la vida se va dejando atrás, y que una vez se vuelve a casa, ya nada será igual.

Es otra forma de ver la guerra. Una forma real, teniendo en cuenta que se basa en hechos reales. La mentira, los celos, los pensamientos, los deseos, los temores…todo se nos muestra como realidades por las que pasan los soldados. La desesperación, la paranoia, la locura…se vuelven centrales en la vida de cada uno de ellos, y se nos refleja, con dosis de humor pero también de crueldad, como cuando ven los primeros cadáveres calcinados.

El director aprovecha a uno de los personajes para añadir esos toques críticos (aunque ciertamente no ahonda en ello) a la película: se ve cómo algunos se plantean la razón política por la que están ahí, la censura a la que se ven sometidos, y como los altos mandos de los batallones (comandantes y generales) obvian los mismos. No es eso lo que importa: es la guerra y no cabe objeción ni crítica posible.

Pero si hay algo que destaca del film es la fotografia. Bellísimas las escenas del desierto. Impactantes las de la lluvia de petróleo. Grandísimo trabajo por parte de Roger Deakins, con unos contrastes que, aun pudiendo parecer confusos inicialmente, nos llegan a dar una señal más de la diferencia entre lo vivo y lo muerto… En cuanto a la BSO de la película, es muy buena, con canciones de Public Enemy, entre otros, y composiciones típicamente bélicas que consiguen despertar en el espectador un «subidón» en las escenas anteriores a las batallas… o, al menos, «supuestas» batallas.

En el apartado de las interpretaciones, el protagonismo de Swofford hace que veamos el excelente trabajo que realiza Jake Gyllenhaal (a quien veremos próximamente en Brokeback Mountain, y recordado por el gran público por «El día de mañana»), por reflejar cómo el personaje va ganando en carisma y actitud con la estancia en el desierto y que nos viene a demostrar que este actor es una de las futuras estrellas, si no presentes, de Hollywood. También mención más que positiva para Jamie Foxx por su interpretación del Sargento Sykes, y para Peter Sarsgaard como compañero de combate de Swofford.

Sam Mendes, con su último trabajo, cambia de registro (American Beauty, Camino a la Perdición) para reflejarnos el lado humano de la guerra. Aunque no sea probablemente su mejor película, sí merece un notable, especialmente por la calidad de la fotografía y la perspectiva desde la que se nos muestra los conflictos bélicos.
Lo mejor: Abordar la guerra desde un lado puramente humano. La fotografía
Lo peor: A pesar de cumplir perfectamente, no llega a sobresalir.
publicado por Alberto Concepción el 21 septiembre, 2006

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