De nada vale cuidar tanto ese diseño, si te olvidas de lo más importante; cuidar tu historia y dotarla de un mínimo interés cinematográfico. Lenta y eterna. En definitiva, un derroche de 24 millones de euros, para lograr bien poco.

★★☆☆☆ Mediocre

Alatriste

Menudo sopor me ha supuesto el visionado de la que estaba llamada a ser la gran producción salvadora del cine español, “Alatriste”.
También, modorra, adormecimiento, pesadez, letargo, aburrimiento, hastió o tedio…como se le quiera llamar. Y no fue algo personal, a juzgar por las opiniones y rostros del resto de los espectadores a la salida de la proyección.

De lo que no hay duda, es de que “Alatriste” es una superproducción. Una de las pocas que se atreve a hacer el cine español. Y en esta ocasión, vista la factura formal, podríamos pensar que por fin, nuestro cine, había conseguido lo que nunca había hecho; acercarse a Hollywood con una cinta de aventuras y acción, sin escatimar en gastos, con un protagonista internacional y una ambiciosa producción.

Porque, en lo que a diseño de producción se refiere, “Alatriste” no tiene nada que envidiar a las superproducciones americanas, o sin necesidad de cruzar el charco, a las francesas, las cuales también cuidan con sumo acierto el aspecto visual en sus obras más caras.
El Siglo XVII español, está magníficamente recreado en “Alatriste”. Sus escenarios, localizaciones, su diseño de vestuario, ese Madrid del Siglo de Oro, de capa y espada, con los validos de los reyes y los propios monarcas. Todo ello es lo mejor de “Alatriste” y lo único que supone un avance para el cine español.

Pero eso no es suficiente. De nada vale cuidar tanto ese diseño, vestir a la película con una plasticidad propia de un cuadro de Velázquez, si te olvidas de lo más importante; cuidar tu historia y dotarla de un mínimo interés cinematográfico. “Alatriste” es excelente en lo formal, pero sencillamente nula en el fondo, con lo que acaba siendo un fracaso estrepitoso, una decepción mayúscula y un soberano aburrimiento.

El director del evento es Agustín Díaz Yanes, “Tano” para los amigos, un director que se quedó en promesa. Sorprendió gratamente con “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto” pero evidenció serias dudas sobre su talento en la inclasificable “Sin noticias de Dios” en la cual, lo mejor era la canción de Bob Dylan que abría los títulos iniciales.

En “Alatriste”, Díaz Yanes es incapaz de dotar de una coherencia narrativa a la cinta. No hace más que divagar. Presenta secuencias, personajes y contextos y los cierra, para no volver a abrirlos. Acto seguido hace lo mismo. Y de este modo va corriendo el tiempo, sin que se haya contado nada en concreto. Hay una alarmante falta de hilo argumental. Da la sensación de que Yanes (director, y a la par, guionista del evento) solo quería hacer un fresco del Siglo XVII y no trasladar las historias de Pérez Reverte a un contexto cinematográfico, que es lo que más se echa en falta en esta obra. El espectador de “Alatriste” esperará durante 2 horas y 20 minutos que aparezca la acción, que surjan las aventuras, lo que al fin y al cabo, es lo esperado de una superproducción de este estilo. Yo aún sigo esperando.

Y ahora analicemos a los actores…que eso es otra historia. A todos les quedan estupendos los atuendos, pero solo Javier Cámara como el Conde Duque de Olivares y Juan Echanove, como Quevedo, son capaces de aprovecharlos. Las suyas, son las mejores interpretaciones de la cinta. Algo difícil de conseguir en una película en la que tu director se empeña en hacerte aparecer tan pronto como hacerte desaparecer.

Un importante galimatías de personajes se juntan en “Alatriste”. Es cierto que todos pertenecían a aquella época. Pero… ¿eran todos necesarios?, ¿Acaso aporta algo al desarrollo de la historia Fray Emilio Bocanegra? Y ¿era necesario hacer que la pobre Blanca Portillo se rapase el pelo e interpretase a un hombre? Apenas aparece endos secuencias. Eduardo Noriega… ¿alguien le ha dicho que no es buen actor? ¿Qué no trasmite absolutamente nada? ¿Pintaba algo medianamente trascendental, su personaje, el Conde de Guadalmedina?
Y mejor ni hablar de Ariadna Gil a la cual siempre he considerado “un bloque de hormigón inexpresivo” .

Antonio Dechent y Eduard Fernández, salvan sus pequeños papeles. Pilar López de Ayala tiene dos frases. Y Enrico Lo Verso, es lo más parecido a un villano que hay en esta película. Por no hablar de la relación romántica entre Iñigo Balboa y Angélica. Abrupta, nada creíble. ¿Por qué ella es tan mala? Me da la sensación de que los momentos en que ambos se han enamorado y han compartido momentos juntos, se han quedado en la sala de montaje. Eso si, Díaz Yanes te pone dos segundos de cada uno de estas mutiladas secuencias para que sepas que entre tanta corte y espadachines andan los dos enamoradizos pipiolos. Lamentable.

Y en cuanto a Viggo Mortensen, un buen actor como bien demostró en “Una historia de violencia” y un magnético héroe de aventuras (“El Señor de los anillos”) es, en apariencia, un Diego Alatriste perfecto. Pero su forzado español, por momentos incomprensible, anula todo su buen hacer en la composición del personaje.

“Alatriste” es una superproducción sin épica, sin aventuras, con multitud de secuencias innecesarias, de aporte nulo al desarrollo argumental. Con personajes mal tratados. Y escasas escenas de acción. Lenta y eterna. En definitiva, un derroche de 24 millones de euros, para lograr bien poco. La superproducción española está a años luz de la peor de las superproducciones americanas.

Mucho bombo se le está dando a “Alatriste” (hay mucha gente metida para repartirse el pastel) algo que a corto plazo, será contraproducente para el cine español. La que se presumía como una posible esperanza para nuestro cine, no es sino otra señal de la profunda crisis creativa en la que se encuentra nuestro país. Una cinta francamente desilusionante. La enésima decepción del cine español.
publicado por Robgordon el 3 septiembre, 2006

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