Delicioso trozo de la vida real, retrato con envidias, rencillas y rencores a flor de piel

★★★★☆ Muy Buena

Volver

No defrauda Almodóvar con este ejercicio de cine en estado puro, un relato costumbrista, vibrante y conciso, en el que rebosa el humor, y eso que habla de la muerte.

Deja el listón bien alto, recuperando un tono con el que impregnó títulos característicos de su primera etapa, quedando bien visible la autocita a ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, en concreto a la madre que viene a solucionar asuntos pendientes, y al humor ácido de Entre tinieblas.

Los planos de Almodóvar, estudiados al milímetro, suelen ser cuadros vivos. Pocas veces un plano concentra tanto como los primeros, con todas las mujeres del pueblo en el cementerio, adecentando las tumbas de cara al día de los difuntos. Las vestiduras de las hermanas protagonistas anticipan el acento colorista y luminoso que dominará todo el metraje, lleno como siempre de símbolos eternos en su filmografía (la maternidad, los hospitales, la vecina, etc.) y alguno nuevo, como la mesa camilla.

Nos regala un coro formado por seis personajes contundentes. Por medio de ellos dibuja a las mujeres que recuerda de su niñez en La Mancha, pero lejos de proponerles un fiel reflejo, las asimila y refunde, introduciéndolas en un relato redondo, sorprendente por sus portentosos giros. Entiéndase este apunte como todo lo contrario a los devaneos que le hicieron errar en La mala educación.

Muestra a sus personajes femeninos en toda su intensidad aunque un tanto idealizados, de ahí la soberbia interpretación de Penélope Cruz. Su rol ejerce de columna vertebral aunque ella pone mucho de su parte, dejando atrás su mejor trabajo hasta el momento, el de No te muevas. Consciente de que las marujas españolas tienen algún fleco o connotación peyorativa, Almodóvar ha convertido a Cruz en una casalinga italiana, un ama de casa con carácter y glamour, una mezcla entre la belleza racial de Sophia Loren y el porte atlético de Silvana Mangano.

La acompañan en sus viajes del pueblo a la ciudad -y viceversa- una cercana, y distante al mismo tiempo, Lola Dueñas, Chus Lampreave aprovechada al máximo y una correctísima Yohana Cobo que no se amohína ante tanto portento junto –su presencia en las situaciones surrealistas sirve de anclaje al lado más terrenal de Almodóvar-. Nos cansaremos de oír que Blanca Portillo, «ese animal cinematográfico», es el gran descubrimiento de Almodóvar para la pantalla grande. Lo cierto es que su aportación a la carrera de la actriz es similar a la que en su día hizo a la de Leonor Watling con Hable con ella (y Alejandro Amenábar a la de Dueñas con motivo de Mar adentro). Y no es otra cosa que apuntalar, con mucha destreza, el regreso al celuloide de una actriz que ya era grande en televisión y cine (no olvidemos El perro del hortelano y El color de las nubes) y, sobre todo, enorme en teatro.

Se reencuentra el manchego con las situaciones cotidianas pero llevadas a un extremo histriónico y muy divertido. Cuenta para ello con una de sus musas, con la que hizo sus seis primeras películas. El fructífero y agradecido trabajo de Carmen Maura otorga una dimensión especial, dejando en anécdota (o sueño surrealista, según se mire) una interpretación que en manos de otra actriz hubiera sido un tanto arriesgada.

Bajo una primera apariencia de fábula, Volver es un delicioso trozo de la vida real, un retrato con envidias, rencillas entre hermanas, rencores a flor de piel, luto, teléfonos móviles, zapatillas y rebequitas, muchas rebequitas. Un guiño a la España más tradicional, al barrio y al pueblo en el que hemos crecido la mayoría de nosotros.
publicado por Daniel Galindo el 17 marzo, 2006

Enviar comentario

Leer más opiniones sobre

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.