Lo único que se salvan son los efectos especiales, y la actuación de casi todos los actores, en función de lo extenso de su papel evidentemente, destacando Cillian Murphy.

★★☆☆☆ Mediocre

Sunshine

¿Dónde está la tensión en esta película?. ¿Por qué he tenido que tragarme casi hora y media de metraje para llegar a algo mínimamente ‘inquietante’?; que dicho sea de paso esa parte final de la cinta es igual de inquietante que el que te devuelvan menos céntimos después de pagar por una chapata en la panadería de tu barrio.

Todo lo que prometía ‘Sunshine’ en todos los trailers que hemos visto a lo largo de estos meses se desmorona absolutamente cuando la palma el primero de los tripulantes del Ícaro II, nave espacial en la que viajan los personajes de nuestra historia, en el futuro año 2057, con el loable objetivo de intentar salvar el agonizante final del astro Sol.

Y es que esta película es de esas que muere hasta el apuntador. Y por supuesto, en las que sabes casi con seguridad, con un mínimo margen de error, en qué orden ocurrirá; la mayoría tiene una cara de fiambre que canta de largo.

El caso es que yo siempre he alabado el reparto de ‘Sunshine’ en posts anteriores, y no me retracto de lo que he dicho hasta ahora. Es un buen casting, unos actores son mejores que otros claro está, pero gracias a sus interpretaciones, y a otros detalles técnicos, se salva esta película de ser calificada como ‘olvidable’.

Yo creo que el problema está en la dirección. Para que el espectador sufra por lo que está ocurriendo en pantalla, y tema por la vida de cualquiera de sus personajes, es necesario empezar con una presentación ‘a corazón abierto’, es decir mostrando a calzón quitado las virtudes, defectos, vulnerabilidades y potencialidades de cada interviniente de la historia, para hacerlo más cercano al público. Que parezca que los conoces de chiquitillos.

Sólo así sientes su pérdida, y evidentemente así se tensiona tu cuerpo cuando ves que tienen la muerte pegada al trasero, y cuando terminan por irse al otro barrio. Pues bien, Danny Boyle se ha centrado tanto en mostrarnos los bonitos efectos especiales que ha conseguido para la película, que nos importa un pimiento quién, cuándo y cómo muere un personaje u otro. Hombre, conforme va transcurriendo la cinta, le tienes más apego a uno que a otro, por su forma de afrontar la crisis; pero a ninguno te lo llevarías a tu casa ni para tomar un café.

Con esta poca sangre, la tensión del filme es practicamente nula. Y cuando ves cómo el primer damnificado de la trama, con la lápida colgada del cuello, la espicha sin apenas interés, te temes lo peor. Hay más tensión en las reuniones de mi comunidad de vecinos que en esta película.

Sólo un detalle para detectar el aburrimiento: instintivamente he buscado en 6 ó 7 ocasiones una postura más cómoda en la butaca para continuar viendo la cinta, y el chaval de delante se ha estirado tanto en los créditos finales que me han dado ganas de buscarle una cama para que se echara un sueñecito antes de irse.

Y para colmo, el momento culminante, como es el desenlace de la historia, con un medio-monstruo como villano final, está montado de forma tan psicodélica (con escenas en cámara lenta que terminan en pausa, imágenes subliminales o desenfoques inexplicables) que te hace perder la referencia de lo que está ocurriendo. Tantas ganas ha tenido Boyle de hacer un final apoteósico que sin querer te vuelve loco.

Lo dicho, que lo único que se salvan son los efectos especiales, algunos muy chulos (algún que otro atrezzo te hace gracia, como los trajes espaciales dorados que les hace parecer a los tripulantes que los visten un bombón Ferrero Rocher) y la actuación de casi todos los actores, en función de lo extenso de su papel evidentemente, destacando Cillian Murphy (por su papel de bueno de la peli) y Chris Evans (por su aprendido papel de rebelde).

Ah, os recomiendo que os llevéis unas gafas de sol al cine y la tengáis a mano porque las váis a necesitar.
publicado por Bloody Will el 23 abril, 2007

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