La Maldición de la Flor Dorada es una película de una gran perfección formal y estética, un verdadero placer para los sentidos del espectador, que si se deja atrapar por Zhang Yimou, descubrirá la poesía que se esconde detrás de cada escena.

★★★★★ Excelente

La maldición de la flor dorada

Aunque sólo sea para una minoría, La Maldición de la Flor Dorada era una de las películas más esperadas de la temporada, muchísimo más que la cinta megalómana de Hollywood que se estrena esta semana. Los anteriores trabajos de Zhang Yimou sólo tienen un calificativo posible, y es el de excepcional, rayando en la obra maestra, especialmente Hero.Yimou es un director muy personal, aunque habrá muchos que no aprecien su talento y sólo vean en sus obras unas meras historietas de combates.

Zhang Yimou consigue lo que muy pocos directores han conseguido a lo largo de la historia, y es hacer poesía con las imágenes. El guión es una mera excusa para organizar un auténtico espectáculo para los sentidos como no se veía en una sala de cine desde el gran Akira Kurosawa, aunque eso son palabras mayores, y a Yimou aún le queda mucho para siquiera acercarse a la figura del genial realizador japonés. La Maldición de la Flor Dorada nos propone una historia con tintes de tragedia en la corte China de finales del primer milenio. Una historia llena de intrigas palaciegas, conjuras, deseos y anhelos en la más pura línea de Shakespeare, salvando las distancias. Hay quien ha escrito que esta cinta recuerda vagamente a Trono de Sangre (adaptación de Macbeth, por cierto), aunque si se quieren buscar similitudes con Kurosawa, más bien hay que ir a Ran. Sin embargo, todo ello importa poco, ya que el enorme espectáculo visual que se desarrolla ante los ojos del espectador nubla todo lo demás. La Ciudad Prohibida de Pekín es el marco ideal para que Yimou realice una puesta en escena realmente impresionante, con algunos planos rebosantes de belleza y poesía, como las reuniones familiares, las vistas aéreas de los patios repletos de crisantemos o toda la última media hora del film. Destaca la fuerza de la fotografía de Zhao Xiaoding, inmensa, con una paleta cromática digna de un maestro, al igual que las coreografías, de una plasticidad asombrosa.

La Maldición de la Flor Dorada es una película de una gran perfección formal y estética, un verdadero placer para los sentidos del espectador, que si se deja atrapar por Zhang Yimou, descubrirá la poesía que se esconde detrás de cada escena y cada plano. Hacer de un combate una escena llena de belleza y lirismo sólo está al alcance de unos pocos elegidos, y estamos ante uno de ellos.
Lo mejor: La belleza y poesía de la película
Lo peor: Que sea juzgada como una mera película de acción
publicado por Francisco Bellón el 30 abril, 2007

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