Respetable ejercicio de ciencia ficción con más pretensiones que sustancia. Así es este compendio de terror, elucubraciones metafísicas y supervivencia heroica cubierto por un precioso papel de regalo.

★★★☆☆ Buena

Sunshine

Si lo desenvolvemos, es decir, si le quitamos la excelente factura técnica, nos queda un paquete-bomba de reflexiones capaz de estallarnos en el momento en que el ideario se diluya por la aplicación de los estándares del thriller.

Antes de que siga leyendo le tengo que confesar que Danny Boyle tiene toda mi simpatía: me parece un tipo atípico y gracias a eso, un cineasta que no le hace ascos a nada: lo mismo se recrea en una fábula con niños con ángel y obsesionados con los santos (Millones) que diezma a la población británica (28 días después) y nos adentra en los submundos sociales con Trainspotting. Tiene talento e ínfulas de grandeza a partes iguales, una mezcla que equilibra la balanza en este curioso puzzle, extraño dentro del género vamos-a-salvar-el-mundo, por ello interesante, y desigual en cuanto a lo estrictamente narrativo, y es aquí donde flojea la cosa.

Su excelente capacidad para relatar historias le ha llevado a narrar la crónica de los últimos días de la vida en la Tierra desde un punto de vista más realista, diferente del triunfalismo al que nos tienen acostumbrados los de Hollywood. Eso no quiere decir que la película sea positiva, todo lo contrario: el sol se muere y aquí no hay trampa ni cartón. Lo previsible de su argumento se diluye en cuanto toman carrerilla el ritmo y la tensión a las que nos somete, apoyados –todo hay que decirlo- en ciertos episodios más propios de una suerte de títulos enmarcados en el terror cutre y el catastrofismo barato.

Sunshine es lo que obtendríamos si cruzáramos 2001: Una odisea en el espacio y Solaris (tanto en cuestiones argumentales como formales), con Armageddon y títulos de la factoría Wes Craven. Se nota el influjo de clásicos como los primeros mencionados y la joya del terror espacial, Alien, el octavo pasajero. Los planteamientos iniciales resultan muy atractivos, pero pierden consistencia al tiempo que avanza el metraje y se deja llevar por el efectismo de producciones más comerciales.

Aún así merece la pena, por los símiles -Ícaro es el nombre de su nave- y el trasfondo psicológico de unos personajes muy bien interpretados por actores consagrados pero poco reconocibles por el espectador: Cillian Murphy, visto travestido en Desayuno en Plutón y héroe a la fuerza en la epidémica 28 días después, Michelle Yeoh (Tigre y dragón, Memorias de una geisha), Chris Evans (la antorcha humana de Los 4 fantásticos) y Cliff Curtis (La fuente de la vida, River Queen), entre otros.

Nos dejamos contagiar por la claustrofobia física y la angustia espiritual de estos seres abocados a un triste final por la buena continuación de nuestra vida. Su experiencia se ilustra con un cóctel de efectos especiales, fotografía de gran calidad plástica y un sonido impecable –en caso de ser así el que nos llegase en el espacio exterior-, elaborado en lo que tuvo que ser una agotadora fase de postproducción. Con sus errores, Sunshine hace pensar a priori para luego entretener, que no es poco.
publicado por Daniel Galindo el 6 mayo, 2007

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