El talento ha dado paso a la glotonería monetaria; aparece por momentos, pero no se produce la alegría que tuvimos con las otras 2 memorables entregas.

★★☆☆☆ Mediocre

Shrek Tercero

No se obró el milagro, aunque tampoco era previsible que una epifanía de mariposas en la boca del estómago produjeran el asombro, que es el primer comando de la línea de texto del buen cine. Buen cine hubo en la primera entrega: irreverencia para el olfato adulto, ternura y buenos sentimientos para la feligresía infantil y un excelente guión que pretendía arrebatarle a Disney el trono de la animación. Taquilla y crítica confirmaron la osadía. Los hallazgos visuales de antaño, el altísimo nivel de los diálogos y la mala leche de ese deconstrucción de los cuentos tradicionales -que a Propp le hubiese parecido un atrevimiento genial- no aparece en esta tercera entrega por casi ningún lado. El «casi» permite que Shrek Tercero no sea horrorosa y se deje ver con cierto agrado: basta no exigir mucho.

El inventario de personajes ha crecido, pero todos se manifiestan previsibles. Lo que en las dos primeras historias era subversión e irreverencia, aquí es una tropelía de gags quemados que nunca incomodan ( es cierto ), pero que producen la extraña sensación de que estamos asistiendo a un descarada flatulencia mental cuyo más manifiesto propósito es esquilmarnos el bolsillo sin que, a cambio, nos ofrezcan lo que la nostalgia prometía, es decir, la escatología inteligente, la humorada crítica, el feliz encuentro entre el cine adulto – en este caso, animado – y el cine infantil, tan denostado, tan convertido en mercancía, en material fungible y despreciable durante tanto tiempo. Me ha sonado esto a ocasión desaprovechada, pero tampoco estoy decepcionado como para no recomendarla. Valdrían dos o tres antológicos escenas para justificar el trayecto. Me acuerdo ahora de una sencillamente genial: la ñoña melodía a lo Disney que de pronto se encabrita y se escora, sin fractura apreciable, a los gritos demoníacos de Robert Plant en una de sus salvajes epifanías vocales. Quizá esté ahí, en la formidable selección musical – de Damian Rice a los Wings de Paul McCartney – donde reside el todavía agitado encanto de este prodigioso ejercicio de ventas veraniegas.
Lo mejor: La música, indiscutiblemente. Ya ni el gato hace gracia.
Lo peor: Que está ya todo muy visto. Ya lo dijo el poeta: Todo lo que está lo suficientemente visto NO asombra. ¿ Asombro en esta entrega ? Muy poquito, el mínimo.
publicado por Emilio Calvo de Mora el 26 junio, 2007

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