¿Transformers? sólo es un circo de efectos especiales y no cumple con unos mínimos atributos para que pueda ser un producto comercial inteligente.

★☆☆☆☆ Pésima

Transformers

A menudo surge el debate de siempre: el problema de anteponer los efectos especiales y el ruido a la historia y configuración de personajes en un adecuado clima dramático. Y sin embargo, cuando se trata de películas pensadas, exclusivamente, para entretener en los meses de verano, no es tan importante que la narración esté bien estructurada como que la historia en sí misma sea interesante, novedosa, inteligente… ¿Se da cuenta el lector de lo complicado que es hacer una buena película?. Cuando no falla la estructura, falla la historia, cuando la historia es buena, falla la estructura.

¿Transformers? sólo es un circo de efectos especiales y no cumple con unos mínimos atributos para que pueda ser un producto comercial inteligente.

La historia: nada de nada. Robots malos, robots buenos. Al final ganan…los buenos (ja-ja-ja). Pero además, son buenos porque sí, porque ni el diseño ni la caracterización de los alienígenas de uno y otro bando indican antítesis alguna. Véase a qué cosa se reduce el personaje de Optimus: ¿hola, soy un robot bueno y vengo a ayudarte si me ayudas, porque la humanidad merece ser salvada?. Y megatrón, puaj, es la reostia: ¿Yo soy megatrón y soy malisimo, los humanos son unos gusanos…?. Es de auténtica vergüenza.

Para que la historia tenga alma, o lo que también podemos definir como ¿fuerza dramática?, los personajes deben ocupar un espacio, ese peso dramático que exijimos en un despliegue argumental. Pero los dichosos robots no son historia, ni relato, ni argumento: son un chisme espectacular y ruidoso, hacen muchas piruetas, se metamorfosean con un apabullante despliegue visual, pegan saltos, disparan, organizan camorras entre ellos…qué bonito.

Hablando en plata, ¿Transformers? es la versión para el verano del 2007 de productos similares como ¿Independence Day?, ¿Godzilla? o ¿El dia de mañana?. O sea, lo que coloquialmente llamamos una ¿americanada? sin sustancia, insulsa, diseñada en función de las palomitas y la propaganda: el ejército siempre desempeña un papel crucial en la lucha entre los humanos y las fuerzas externas que nos invaden. Es una descarada trasposición de la misma historia, cambiando el aspecto externo de los elementos principales, los guionistas copian el esquema según una fórmula comercial ya explotada hasta la náusea.

Y a cuento de esto, Shia Labeouf, sin duda lo mejor de la función (su humor histérico no tiene precio), se diluye -y con él, el poco interés que ofrecía la trama- ante el progresivo protagonismo de los militares. Y espero no estar expresándome mal, no digo que la película sea mala porque los militares no sean de nuestro gusto (ya se sabe, aquí gustos ni uno) sino porque el personaje de Labeouf era el que podía llevar el alma a la historia, el ciudadano indefenso que de súbito se ve envuelto en una misión trascendente. Es decir, la singularidad de la obra. Todo esto queda en agua de borrajas cuando, sobre todo en el último tercio, el filme se convierte en un plagio y refrito de malas películas como ?Independence day? y similares. Cuando el cine no es cine, sino un escaparate prefabricado para el público joven menos exigente.

La película no es aburrida, quede constancia. Tiene buenos momentos de humor, incluso diríase que lo motiva una sana parodia de usos y costumbres en la actual ?american way of life?. El pitorreo, en ése sentido, es constante, y abarca incluso los créditos finales. Ojo al parche: no es que la película no se tome en serio a sí misma. Ante todo, la película se pitorrea y se burla del espectador, y especialmente de los amantes del buen cine de aventuras, del buen cine pensado para adolescentes, que lo ha habido y, esperemos, lo habrá.
publicado por José A. Peig el 4 julio, 2007

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