Si alguno creía que ésta es una buena película, toda la culpa es de las hormonas. Visionarla ahora tiene el mismo valor y significado que la magdalena de Proust: una potente evocación de lo que sentíamos y éramos en los ochenta, sentados en el sofá y

★☆☆☆☆ Pésima

El vuelo del navegante

Hace un tiempo algún lector de éste cuaderno nos hizo la sugerencia de que hablásemos de esta película, una pequeña muestra del cine familiar de los ochenta, de la cual mucha gente (que ahora tiene de veinticinco años en adelante) guarda un muy buen recuerdo, de seguro porque la vimos en la más tierna infancia o preadolescencia y porque pocas cosas son tan evocadoras (y engañosas) como la memoria y su potencial imaginativo.

Dirigida por Randal Kleiser, es un producto hijo de su momento, y sus méritos mueren más allá de éste. Se estrenó en el año 1986, y viene a ser un refrito y remezcla – muy afín a los gustos de la época – de clásicos como “Regreso al futuro” y “E.T”. Nos cuenta el “sueño” de un niño, en el que viaja por el espacio exterior a bordo de una nave alienígena. Cuando regresa a la tierra -por efecto ralentizador de la velocidad de la luz – han pasado ocho años y él no recuerda nada de lo ocurrido. La película, por lo menos, respeta unos fundamentos de la narración basados en “el viaje del héroe”, y la transformación que ello induce en la vida del protagonista. A nivel metafórico, el “sueño” de David cumple el propósito de reconciliar a éste con su familia, especialmente con su odiado hermano menor.

La historia esta contada mediante unos recursos demasiado simples, a menudo ñoños y estúpidos, con un tratamiento de los elementos en juego más propio de un telefilm que de un producto que tuvo difusión en las salas de cine. Un telefilm de visión agradable, sin duda, simpático abordaje al mito moderno de los ovnis y las abducciones, algún toque de humor acertado, musiquilla ochentera de “lata” y electrodos y poco más. Los efectos especiales son de un cutre que cantan incluso en la época de su filmación, aunque el diseño de la nave espacial es bastante acertado, con esos cambios de forma según la dirección y ritmos de vuelo.

Si alguno creía que ésta es una buena película, toda la culpa es de las hormonas. Visionarla ahora tiene el mismo valor y significado que la magdalena de Proust: una potente evocación de lo que sentíamos y éramos en los ochenta, sentados en el sofá y rebobinando cintas con el VHS. En cuanto a su función cinematográfica, la película es una absoluta tontería, no por el relato, que como ya hemos señalado, partía de una propuesta interesante, sino por lo banal y plúmbeo de la escenografía y las caracterizaciones. En su momento tuvo su gracia, pero ha envejecido muy mal.
publicado por José A. Peig el 25 julio, 2007

Enviar comentario

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.