Fresnadillo afronta el reto de continuar un producto y no sólo lo exalta sino que lo enriquece, huyendo de los típicos guiños del cine de terror y, en especial, vísceras y sangre.

★★★★☆ Muy Buena

28 semanas después

Su óptica le ha llevado a relatar el ansia de seres infectados por un virus letal, un drama que viene de lejos. El principio de una catástrofe tiene su continuación, pero avisamos, que luego nos cae el chorreo: no es apta para todos los gustos, mucho menos si hablamos de los más refinados. Es cierto que para aguantar el metraje de esta cinta, aún cerrando los ojos, hay que tener estómago, pero a quien le guste el cine con ritmo, los sustos y el corte epidemiológico, sí que lo puede «disfrutar».

Finales de 2001, Intacto daba la sorpresa: un guión con enjundia, una metódica realización y actores como Mónica López y Leonardo Sbaraglia, bailando al son que les marcaba un director novel. Él no lo sabía, pero no tendría que pasar mucho tiempo para que los ojos del iconoclasta Danny Boyle se fijasen en un director de orquesta que lo mismo nos introduce en el rock más duro que nos deleita con sones de nueva era y huye de los tópicos manidos del cine de terror, desde los 70, destinado a un consumo adolescente.

Sólo él podía hacerse cargo de una historia catastrofista planteada desde el vértigo, el verismo y el ritmo de videoclip. Terror de autor es lo que propone este cineasta que, dignificando el campo sembrado de secuelas, maneja la técnica y encumbra el cine más comercial hasta las cimas del sello propio y de calidad. A lo largo de 100 minutos no deja de asombrarnos la estudiada fotografía aérea de Londres, en cada plano nos advierte de la inmensidad del vacío, del desasosiego. Y es sólo un ejemplo de lo que consigue, sin entrar en paralelismos con la realidad y apocalípticas visiones de lo que nos espera.

Era incondicional de 28 días después (estrenada en 2002), y se nota la devoción al no masacrar su esencia, algo impuesto por otro lado. Cierto es que ya la primera parte, original, lo que se dice original, no era. Basta echar un vistazo a títulos de serie B ya clásicos como El último hombre vivo sobre la tierra y La noche del cometa. A partir de esa premisa, ya podemos lanzarnos a elogiar este ejercicio desagradable, desmedido, desconcertante y, me atengo a las consecuencias, más que convincente en sus tesis.

Es cierto que le cuesta cerrar la historia o quizás no se lo planteó en ningún momento. Siendo así, hay quien no la hubiese dejado abierta de manera tan descarada, pero agradecemos que no nos tome por tontos, que no insulte a nuestra inteligencia como espectadores, aunque es verdad que a medida que avanza el metraje pierde fuelle tanto ímpetu y acaba diluyéndose en pos de una resolución tan pobre como correcta.

Se le perdonan los descuidos en el guión por esa búsqueda de la veracidad en lo que parece más un documental ficcionado que un relato de ficción al uso. Si lo que quería era innovar y aportar sustancia al género de terror, combinado eso con una excelente banda sonora y unos planos cuidados que encierran coreografías de lo más salvaje, sin olvida la cámara rabiosa, Juan Carlos Fresnadillo lo ha conseguido.

¿Cómo rodaría este autor un cuento íntimo, sin necesidad de efectos especiales, con todo más a mano? Nos lo cuestionamos después de ver el tono que impregna a un producto tan deliberadamente comercial. Es más, ojalá el próximo proyecto le lleve a un cambio de registro para confirmar, por si a alguno le quedan dudas, que estamos ante una de las más inteligentes miradas del cine europeo. De autor, sí.
publicado por Daniel Galindo el 10 agosto, 2007

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