Mucho Jekyll y poco Hyde. Sólo transgrediendo la complaciente corrección en la que se asienta el género hubiéramos quizá podido disfrutar de una historia más allá de lo acostumbrado. Otra vez será.

★★☆☆☆ Mediocre

Mr Brooks

En un intento por resultar inquietante, el actor arquetípico de la honestidad norteamericana -como lo fuera en su día James Stewart o Gary Cooper-, Mr. Costner, se tira al barro y se esfuerza por parecer creíble representando sin mucha fuerza (con esa contención expresiva que le caracteriza) el mil veces emulado personaje del asesino desdoblado o, más literario, Dr. Jekyll. Y haciendo la oscura réplica de Mr. Hyde tenemos al siempre portentoso William Hurt, que absorbe en cada escena los intentos del bueno de Costner por parecer malísimo. Al final pronto vemos cómo nesesariamente este actor funciona mejor de amante, padre o esposo, que como curtido funcionario del asesinato.

Firma el guión el mismo que dirige, Bruce A . Evans, un novato realizador, más entrenado como guionista de textos de películas mediocres como Cuenta conmigo o Starman. Sin embargo, podemos decir que Mr. Brooks es su mejor guión hasta la fecha. A ello ayuda una puesta en escena austera (ingrata deudora del buen hacer de los Coen en Sangre fácil o Fargo) y un ritmo pausado que funcionan con eficacia para lo que todo aficionado al género de asesinos podría esperar sin pedir peras a un olmo.

Sin embargo, pese a su buena voluntad, Mr. Brooks se decanta muy pronto por estandarizar el dualismo inquietante del personaje hacia territorios resabidos del género, donde la familia se mantiene impoluta pese al turbio subsuelo en que se asienta. Incluso hubiera sido refrescante la propuesta si ese universo personal del asesino se hubiera dibujado por líneas transversales de esquiva definición, y no por esa diáfana resolución que ni siquiera con ese inocente final acaba salvando el conjunto.

De hecho, al finalizar la proyección el espectador tiene esa sensación de déjà vu tan extendida en estos años en productos del género thriller con asesino inteligente. Sólo transgrediendo la complaciente corrección en la que se asienta el género hubiéramos quizá podido disfrutar de una historia más allá de lo acostumbrado. Otra vez será.
Lo mejor: William Hurt, aunque desaprovechado en el asiento de atrás. Que el inútil intento de Costner por parecer creíble en el papel de asesino me haya traído a la memoria el caso más sugerente de Henry Fonda escupiendo tabaco en Hasta qe llegó su hora (1968). Aunque parezca mentira, el desconocido Dane Cook, que aporta naturalidad a su personaje de comodín ingenuo.
publicado por Ramón Besonías el 6 septiembre, 2007

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