El espectador promedio queda advertido: si se tiene un poco de paciencia con su peculiar ritmo de narración y con su deliberada dosificación del horror, uno se encuentra de bruces con uno de los estrenos de género más interesantes de lo que llevamos

★★★★☆ Muy Buena

The host

Puede que The Host (2006), la película más exitosa de la historia del cine coreano y la niña mimada de la última edición de Sitges, no sea la cinta de monstruos definitiva, pero no cabe duda de que se trata de un competidor serio a estar entre lo mejor que el género nos ha dado este año. Eso sí, no se trata de una película de criaturas a la usanza, y muchas de sus características podrían dejar frío al espectador promedio que vaya al cine esperando una repetición del esquema clásico de la mayoría de las películas de monstruos que nos llegan de Estados Unidos, donde prácticamente lo único que cambia es la naturaleza del bicho a eliminar.

Lo cierto es que la cinta de Bong Jon-hoo no es un ejemplar típico de este género de cine, para empezar porque no se centra de manera absoluta en el monstruo, sino también en las tribulaciones de una familia disfuncional de Seúl, que se unen forzosamente cuando un horrible monstruo (producto de una mutación causada por los residuos químicos de una base militar norteamericana) surge de las aguas del río Han y causa una masacre entre los tranquilos transeúntes de una idílica tarde soleada, tras lo cual se lleva a la pequeña niña del clan familiar para su consumo posterior. Tras declararse la emergencia nacional, la familia descubre que la pequeña sigue con vida en algún lugar de las laberínticas alcantarillas de Seúl, y ante la pasividad oficial deciden emprender una búsqueda cual cuadrilla de Final Fantasy en pos de la chica.

Tras este ataque inicial, la cinta deja transcurrir un buen rato antes de que veamos al monstruo otra vez, y más bien se centra en el dolor y la unión de la familia, un drama que se ve aderezado con muestras de un humor que en ocasiones alcanza niveles de auténtica bizarrada, como por ejemplo toda la secuencia de una vigilia nocturna en recuerdo de las víctimas del mutante del Han. Asimismo, las personalidades de los miembros del clan familiar son dispares a más no poder, y la película se toma su tiempo para seguir a cada uno en su particular búsqueda de la pequeña; está el abuelo emprendedor y líder natural del grupo, el padre atolondrado e irresponsable, el tío aguerrido e irreflexivo (que además tiene un pasado como líder de revueltas universitarias) y la tía silente y cuasi-campeona de tiro con arco. A todo el discurso sobre la familia se suma el no muy sutil subtexto ecologista que por supuesto no deja pasar la muy evidente crítica al intervencionismo norteamericano (no es casualidad, ya que el evento que da comienzo a la historia sucedió realmente en el año 2000 cuando un oficial de una base estadounidense vertió ilegalmente en el Han cientos de litros de formol adulterado, aunque al menos no ha salido producto de ello ningún mutante… todavía). 
Pero más allá de dramas familiares y crítica eco-sociológica, hay algo ineludible, y es que en una película de monstruos, el auténtico protagonista tiene por fuerza que ser la criatura. En este sentido, Jon-hoo se la ha jugado al mostrar las apariciones del monstruo a plena luz del día, eludiendo la acostumbrada sutileza destinada, en muchas ocasiones, a disimular los fallos de los efectos especiales. Tal cosa no sucede en The Host, de hecho, el monstruo dista mucho de ser perfecto a nivel técnico, aunque milagrosamente dichos defectos no influyen para nada en nuestra apreciación. Las apariciones de la criatura están tan bien manejadas que producen una auténtica y genuina tensión que no desaparece cuando le vemos de nuevo. Si bien es cierto que las apariciones del monstruo no son tan frecuentes como estamos acostumbrados, también es cierto que dicha criatura está puesta al servicio de una historia que va por otros derroteros, y que su presencia no está únicamente para espantar al personal, algo que esta película comparte con la que sin duda es una de sus fuentes de inspiración y punto de comparación de un gran sector crítico: la versión original de Gojira (1954), del japonés Ishiro Honda, una película sobre la que es necesario volver lo antes posible.
De cualquier forma, un visionado de The Host se hace más que recomendable, pero el espectador promedio queda advertido de que no encontrará en ella otro ejemplar más del típico cine de monstruos (razón por la cual no ha encontrado, al parecer, el entusiasmo que desató en Sitges). Pero si se tiene un poco de paciencia con su peculiar ritmo de narración y con su deliberada dosificiación del horror, uno se encuentra de bruces con uno de los estrenos de género más interesantes de lo que llevamos de año. Y dense prisa, porque se avecina la tormenta: el correspondiente remake americano ya es inevitable.
publicado por Hombre Lobo el 25 septiembre, 2007

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