Todo sucede de forma frenética, sin aliento desde el que tragar su agradecido metraje. Sucede rápido y se olvida mejor aún. Vuelve el hombre.

★★★☆☆ Buena

Shootem up

Hace ya tiempo que la corrección política se inoculó en las entrañas del cine contemporáneo, reforzando la entronización de personajes estandarizados que, sin cuestionar ningún prototipo social, hacen más amenas nuestras tardes de cine. Pero autores como Tarantino y Rodríguez lograron atraer la atención del público especializado y de los escépticos productores, haciendo posible unir incorrección política y calidad artística (por supuesto, asegurando sin necesidad de quinielas o sibilas éxitos en taquilla). Así, el macarrismo naïf, el macho-ismo de anuncio de colonia y la salvaje coreografía de hemoglobina virtual se venden con relativa facilidad en productos como este que nos toca.

La figura del héroe honrado en las películas de antaño, el cínico sensible ochentero, el 007 elegante y ligón (con perdón del Bond de Campbell) que corre sin despeinarse, todos dejan paso a Clive Owen, el macho que gusta a todas (y a todos). Lancôme ha visto el filón que supone ponerle esta cara (tallada con barro) a su firma. Sabe que los tiempos que se avecinan duplican su sabio cinismo, dejando todo como está, pero permitiéndose estéticas licencias de macho-ismo y defensa del gatillo facilón. ¡Cómo echa uno de menos a Harry, aunque no se lavara! ¡Cuánto!

Shoot ‘Em Up es un producto eficaz, de estética metalizada, en torno a la figura del Sr. Smith (todos podemos ser Smith, como en un videojuego de primera persona), un impersonal asesino inteligente e hiperactivo que matará a decenas de indeseables sicarios a las órdenes de su antagonista, un Paul Giamatti gracioso (que no agraciado) en su papel de malo, padre de familia agobiado, y pistolón personalizado. Todo sucede de forma frenética, sin aliento desde el que tragar su agradecido metraje (86 minutos). Los personajes, caricaturas al servicio de esa acción: el duro desgarbado (a lo McClane), la devorahombres sensible (una Bellucci neumática, que pone al servicio de quien lo desee sus pechos de Circe), el malo simpático, el atrezzo de cadáveres sembrado sin pudor allá donde pisa el ¿héroe?, una música omnipresente, estridente en los momentos de orgía testosterónica, coreografiada a lo John Woo

En fin, pasen y vean. Sucede rápido y se olvida mejor aún.

Lo mejor: La escena erótica entre Owen y Bellucci, esquivando las balas (Eros y Thanatos al estilo Hollywood). La presencia no tan subliminal de las zanahorias de Owen. Esa central lechera llamada Mónica.
Lo peor: El final... Por favor, ¡quién se cree que un machote como Owen acabe así!
publicado por Ramón Besonías el 15 octubre, 2007

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