Estamos ante el feliz momento de descubrir una pequeña joya que se desmarca de la pujante mediocridad que ha predominado en el cine fantástico más reciente.

★★★☆☆ Buena

Stardust

Stardust propone una ficción que se desarrolla a medio camino entre dos mundos, y juega con el espectador mediante el ardid de cruzar tonos y géneros. Stardust es una libérrima broma de evasión; el modo en que empieza (un descenso desde las estrellas) y la secuencia con la que finiquita el relato (un ascenso al mismo espacio sideral), y teniendo en cuenta los perfiles y las variables que definen el nudo de la narración, tenemos una muestra de cómo el cine fantástico se sostiene en sus propias leyes, donde todo vale y todo es creíble siempre y cuando los creadores de la obra en cuestión hayan sido capaces de formar una idea coherente en lo que se refiere a la tonalidad y el significado. Stardust es una de esas piezas que no necesitan justificarse ni desarrollar un argumento con pelos y señales para que el espectador pueda entrar en el juego. Es, en sí misma, un juego de imaginación al servicio del espectador.

Película de brujas, príncipes y princesas, espada, magia, seres extraños, final feliz. Con esos ingredientes, lo lógico es dar con un producto insulso y previsible. Si atendemos a una regla básica en el arte de narrar, ésta nos enseña que siempre podremos echar mano de los ingredientes comunes a un modelo o subgénero, pero lo importante es recombinarlos y construir los perfiles con el pulso del creador, de quien retorna a esos terrenos arquetípicos para alzar su varita mágica y dejar allí una impresión singular. Puede que Stardust sea una película fallida, se nota que podría haber sido mucho más versátil en todas sus partes, pero estamos ante el feliz momento de descubrir una pequeña joya que se desmarca de la pujante mediocridad que ha predominado en el cine fantástico más reciente.

Como ya hemos dicho, la historia no es original, pero la película de Mathew Vaughn tiene dos virtudes muy relevantes: la construcción de personajes, aun estando asentados sobre un estereotipo, estos tienen personalidad propia y poseen la frescura adecuada en su fin estético y lúdico. La narración es sorprendentemente ágil, aprovecha al máximo los elementos de sana comicidad e ironía para construir las relaciones entre personajes, las situaciones y los variados elementos de una imaginería visual, sino esmerada, sí, por lo menos, bastante escueta, ajustada a las necesidades del relato, prescindiendo – en líneas generales – del habitual abuso de efectos especiales.

Esa mezcla entre fantasía, amor, ironía y sátira, funciona y además consigue eludir con solvencia las escenas tendentes hacia lo sensiblero: allí donde se aproxima el peligro de caer en terreno “pasteloso”, el guión y la estructura salvan el momento con el gesto extravagante de algunos de sus paisajes o personajes más divertidos. A destacar Robert de Niro y Michelle Pfeiffer, los cuales lucen un histrionismo que, en este caso, concuerda perfectamente con el tono general de la obra. De hecho, podríamos definir a Stardust como una fantasía histriónica con estilo y derecho propios.

Su principal problema es el exceso de metraje, otro lastre habitual en producciones del estilo. En un segundo plano, aparecen personajes, pasajes y diálogos prescindibles, que hacen que – sobre todo en el ecuador de la narración – la fluidez dominante pierda en profundidad dramática y es entonces cuando el relato se dispersa de forma innecesaria. Afortunadamente, en el último tramo recupera el pulso, con un divertidísimo duelo final. Y, en fin, a pesar de ser un producto bastante “sui generis”, resulta tan delicioso como el cuento de hadas tradicional, al tiempo que ofrece su extrañeza sin que se oiga el rechinar del intento pretencioso. Pura simpatía y jovialidad.
publicado por José A. Peig el 26 octubre, 2007

Enviar comentario

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.