Mejor tomarse Soy leyenda como una más de palomitas, pero sin chica enseñando curvas (la perra Sam no cuenta). Y que siga todo igual. Cuando entres en el cine, deja el cerebro fuera.

★★☆☆☆ Mediocre

Soy leyenda

La generación de Matheson (novelista) y Lawrence (director y productor) leía libros, además de ver películas. Ambos, como el que escribe estas líneas, se inoculaba en sus ratos libres inquietantes relatos de terror y ciencia-ficción, y películas de serie B que hoy -muchas de ellas- se reconocen como referentes culturales. En aquellas historias encontrábamos buenos ratos de acción y miedo, además de sugerentes metáforas sobre el mundo y nosotros mismos. Sin embargo, la generación para la que está narrada la historia de I am legend es una generación que ya no lee (o apenas), pero que devora fotogramas de cine made in USA siempre que puede. Y eso se nota en el ritmo y falta de valentía con la que se manejan los guiones de producciones como esta de la que hablamos.

Soy leyenda es una producción eficiente, como muchas tantas con las que se nos pretende hacer vivir unas Navidades más llevaderas. Para ello se toma como referente un rec
lamo literario que conozca el espectador, y si no sabes quién era Richard Matheson pues no te preocupes, añadimos como gancho publicitario la presencia de Smith (en plan nuevo héroe americano) y su estilazo hiphopero, deslizando su tipazo de gimnasio por un Nueva York apocalíptica pero digna, acompañado de su perrita Sam. El resto lo hacen unos efectos especiales que hipnotizan al más escéptico. Y ya está. Éxito asegurado.


Soy leyenda no será un producto perdurable en la memoria del espectador español, y mucho menos en las aportaciones al género de terror o ciencia-ficción. Pero esto no desmerece un trabajo técnico inmejorable, algunas escenas inquietantes, y deja de contar. Si intentamos apoyarnos en su referente literario las comparaciones se revelarán más que odiosas. En la novela corta de Matheson no hay ni héroe científico, ni más supervivientes donde apoyar la trama, ni vampiros con cerebro, ni final made in USA. Matheson subraya la soledad del personaje, sin metáforas políticas post 11-S. Se centra en los aspectos psicológicos de Neville y aprovecha el icono del vampiro para dotarlo de mayor realismo científico y sugerir una jugosa reflexión sobre el concepto de normalidad social y sus efectos perversos.

En la versión de Lawrence no hay apenas enfoque psicológico, pese a que el guión comience sugiriendo lo contrario. En ese sentido es destacable la escena del videoclub. Pero pronto la acción deviene en lo que nunca debió de simular no ser: puro espectáculo excesivamente aderezado de una tramposa propaganda política con un nada ligero colorido conservador.


Cierto es que el director podría haber aprovechado el potencial del libro de Matheson para sugerir una potente metáfora sobre la aceptación del otro en situaciones de miedos o prejuicios socialmente aceptados. Pero no. Es más de la era Bush acabar administrando a todo bicho viviente la vacuna del liberalismo conservador.

¿Dónde está entonces la novedad de Soy leyenda? Pues nada men
os que en la curiosa relación que establece el guión entre el supuesto escepticismo del ciudadano neoyorquino tras los atentados del 11-S y una historia de terror y ciencia-ficción convencional. "Me llamo Robert Neville. Soy un superviviente en la ciudad de Nueva York. Si hay alguien ahí, por favor… No estás solo". Este es el mensaje desesperado que lanza por radio el protagonista a quien pudiera quedar vivo. El doctor Neville sobrevive en una ciudad fantasma, desolada, una zona cero perpetua, amenazada por seres infectados, deshumanizados. "Vengo a poner luz a la oscuridad", afirma un spot promocional.

Y por lo menos se permite dar el papel secundario (a modo de ángel anunciador de esperanza) a un personaje brasileño (¿un guiño diplomático a Lula?), que si bien servirá de Viernes a un Crusoe deprimido por la soledad, no deja de ser mero beneficiario de las bendiciones del sacrificado amigo americano.



El director, Francis Lawrence, dibuja con esto una no tan tenue (y por supuesto de una corrección política que pone los pelos como escarpias a todo espectador atento) metáfora sobre el supuesto estado de ánimo de todo estadounidense que se precie como tal (patriótico, para ser más exactos), amenazado por la desesperanza del terrorismo en su propia casa. Y a su vez reproduce por enésima vez la megalómana iconicidad del héroe redentor americano, siempre dispuesto a dar su último aliento en pro de un mundo libre.

No temas, americano. La ciencia y nuestra fe inquebrantable en nuestro estilo de vida nos harán resistir y al final ganar la guerra a este virus
. Para esa empresa
contamos con el mejor, un héroe que pese a ser humano, no se deja llevar por el desaliento y sus esfuerzos al final darán su fruto. El objetivo es levantar la moral a una América desencantada por tanto discurso crítico, que más que ayudar genera descontento y apatía. Dejémonos de patrañas comunistas y confiemos en papá Estado, que vela con amorosa justicia los designios de un país nacido para triunfar (con la ayuda de Dios, por supuesto).



Pero ¡qué puede importarnos a los espectadores europeos una lectura política de lo que es mero espectáculo! Mejor tomarse Soy leyenda como una más de palomitas, pero sin chica enseñando curvas (la perra Sam no cuenta). Y que siga todo igual, que para eso tenemos a USA protegiendo el mundo libre y ofreciendo diversión a nuestras tardes de Navidad. Cuando entres en el cine, deja el cerebro fuera.

En fin, siempre nos quedarán las estupendas novelas de Matheson. Para quienes no hayan leído a este autor emblemático de la ciencia-ficción de los cincuenta, quizá les interese saber que numerosas obras suyas han sido llevadas al cine con mayor o menos acierto. Cabe destacar El diablo sobre ruedas (Spielberg, 1971) -ambas de corto formato pero eternas en la memoria-, El increíble hombre menguante (Arnold, 1957) -quizá la más sugerente de todas y la más cercana a la temática de I am legend-, El último escalón (Koepp, 2000) -una película inquietante, pero absorbida por el fenómeno El sexto sentido-, Más allá de los sueños (Ward, 1998), En algún lugar del tiempo (Szwarc, 1980).

publicado por Ramón Besonías el 23 diciembre, 2007

Enviar comentario

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.