Disney se ríe de sí misma de una forma elegante, entretenida y divertida, sin despeinarse, y con mucha modestia.

★★★☆☆ Buena

Encantada: La Historia de Giselle

Lo mejor es reírse de uno mismo… Eso pensaron en la Disney cuando decidieron realizar Encantada: La historia de Giselle. Y bien que hicieron, porque además de que el dicho es cierto, hacía falta. Y lo han hecho de una forma elegante, sin despeinarse y con mucha modestia, puesto que reúne todos los tópicos de los cuentos de hadas que ha ido realizando la factoría en sus más de setenta años de historia, y se burla de ellos, pero sin llegar a la mala leche.

Así, podemos encontrar referencias y parodias en forma de pequeños guiños, chistes, gags e incluso canciones (cómo no) de Blancanieves y los siete enanitos, La Cenicienta, La sirenita, La bella durmiente y La Bella y la Bestia (calcado plano a plano el baile del final, el mejor momento de la película). La villana de turno, sin ir más lejos, resulta una mezcla entre la Reina de Blancanieves y la mejor villana de Disney de todos los tiempos, Maléfica, de La bella durmiente. Sólo en apariencia, claro, porque es la Coca Cola light mezclada con una zero de la maldad.

Además de la autoparodia más o menos modestita, lo mejor de la película son sus actores: Amy Adams está perfecta, interpretando a Giselle, una princesita típicamente Disney, cursi, flower-power y defensora hasta la náusea del amor verdadero con el príncipe azul de turno. Clava todos los tics y los movimientos, enamora y encanta (je…) a la cámara y al espectador, y además canta estupendamente bien; algo que no se apreciará en la versión doblada, pues las canciones están interpetadas por la triunfita Gisela (valga la redundancia) que, todo hay que decirlo, no lo hace tampoco nada mal (Disney: especialista en que todas las canciones de sus películas den perfectamente el pego en todos los países donde se estrenan). Además tenemos a James Marsden, que ya le vimos en Hairspray, y que sigue empeñado en pedir a gritos una nominación al Oscar al mejor actor de reparto, puesto que, para variar, está en su salsa, pasándoselo pipa interpretando al típico, tópico y cursi príncipe azul.

Por otra parte están Patrick Dempsey, Timothy Spall y Susan Sarandon, pero uno es un sosainas de cuidado (Dempsey), el otro sobrecarga (Spall), y la otra tiene un papel tan anecdótico que no da tiempo a apreciar lo que hace (Sarandon).

Otro punto a destacar es la animación típica de la factoría, la cual se la echaba bastante de menos, y que parece que sigue en plena forma. Hay planos que son una auténtica maravilla. ¿Cuándo veremos los espectadores la vuelta definitiva de Disney a esas 2D (pero sin dejar de lado las 3D) que tanto nos maravillaron con su sentido del espectáculo musical durante la pasada década?

Todo esto hacen de Encantada un producto mínimamente disfrutable (a ratos aburre) y aprobable, puesto que la historia es la típica de las comedias románticas, y es previsible (y hasta incoherente) hasta decir basta, puesto que está mil veces vista. Y no, no es del todo cierto que para que una película funcione, tiene que funcionar la historia: REC directamente no tiene historia, y funciona. ;D
publicado por Rafa Delgado el 30 diciembre, 2007

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