Expiación es una película interesante que remueve a la sensibilidad pero que sobretodo lleva a la reflexión sobre el arte y sobre una forma de contar historias que está ya agotada. Metaliteratura expiatoria.

★★★★☆ Muy Buena

Expiación: Más Alla de la Pasión

En los últimos años muchos directores han presentado a través de sus películas un punto de vista crítico y/o dubitativo sobre la capacidad del cine como medio de mostrar la realidad/verdad. Este debate, más propio del cine documental, ha llegado a la ficción en un momento histórico en el que la política de dobles verdades de los gobiernos se confunde con los trucajes y montajes de los medios de comunicación, una situación que se evidencia con el tema de Irak  y que ha logrado que muchos cineastas ejerzan una reflexión sobre el medio del cine como sistema lícito o no de expresión de la realidad.

Pero seamos claros: No, el cine no muestra LA realidad, ni si quiera cuando lo intenta. Toda película, sea o no documental, conlleva una manipulación intrínseca que empieza con la selección de la puesta en escena y sigue con la delimitación del encuadre. Aceptada la imposibilidad del concepto de objetivismo en el cine, cabe ser consciente del inmenso poder que las manipulaciones (entendidas no peyorativamente sino como selección y construcción de una película) tienen sobre el público. No en vano, Eisenstein dedicó su carrera a hacer películas con objetivos de campaña política o Hollywood, ante el crecimiento de presencia europea en sus filas, decidió llevar a cabo la famosa caza de brujas para aniquilar los posibles mensajes subliminares antipatrióticos (o procomunistas) en sus guiones. Partiendo de esta base y buscando la reflexión, aparecieron este año en cartelera películas como Zodiac, de David Fincher que plantea la imposibilidad de hallar la verdad en su discurso, o la película que nos ocupa, Expiación, que con un ejercicio meta-literario plantea algo parecido aunque de manera más ligera y menos honesta.

Al hablar de Expiación podríamos hablar de lo limpio de su puesta en escena, de lo correcto de sus interpretaciones (entre las que destaca Saoirse Ronan por encima de todo el elenco adulto), de lo llamativo de su trabajo de sonido (posiblemente lo más interesante a nivel formal de toda la película) o del ¿don? de Wright para convertir novelas inglesas en éxitos de taquilla. Pero lo realmente interesante de Expiación es su reflexión (algo tardía en el metraje quizás) acerca de dos de las funciones del arte (literario o cinematográfico): de cómo puede captar y manipular la realidad; y de cómo a través de él el autor puede encontrarse a sí mismo.

Durante la película, estructurada en tres partes, se nos presenta a Briony, una adolescente con mucha imaginación que tras encontrar a su hermana en una situación embarazosa, entra en un mundo de mentiras en el cual todos sufren las consecuencias. Esta primera parte en la que el fantasma fotográfico y escénico de Orgullo y prejuicio sobrevuela el trabajo de Wright, es donde se nos asienta la mentira como plano estratégico para entender el resto de la película. A partir de entonces, todo se suponen verdades que se deshilan una a una como consecuencia de la infantil mentira de la joven. Así entramos en una segunda parte más tétrica en la que la guerra y el concepto de lo real toman protagonismo mediante un increíble plano en la playa en el que Wright parece hacerse eco de Bazin y su teoría del plano secuencia realista. Así olvidamos toda mentira para entrar en un mundo de lo crudo, lo real y lo pesimista que nos dejará ya en la tercera parte en la que un nuevo giro de realidad nos hace querer revisitar todo lo visto hasta entonces.

Expiación propone al espectador una toma de responsabilidad sobre aquello a lo que se expone (sea literatura, películas o noticias) y al mismo tiempo toma al arte como un medio de expiación para el autor. Es esta segunda función del arte la que completa el poder meta-literario de esta obra, que si bien ahora se nos ha presentado en su versión en imágenes, recoge todo esa fuerza del original en papel.

Aun así, si algo cabe destacar sobre Joe Wright es su excelente gusto literario y su acertada puesta en escena, algo que le sirve para seguir viviendo del cine con resultados más que decentes. Expiación es una película interesante que remueve a la sensibilidad (al fin y al cabo estamos ante una historia de amor que es interrumpida por una injusticia) pero que sobretodo lleva a la reflexión sobre el arte y sobre una forma de contar historias que está ya agotada. Porque siento decir, para todos aquellos que quieran ver una historia romántica al uso, que Expiación tiene un final de los que te dejan helado por su sobriedad, su sinceridad y su poca magia cinematográfica. Ya tocaba que el cine se pusiera las pilas (aunque sea adaptando novelas) y empezara a mostrar cierto escepticismo acerca de todas esas historias románticas con las que nos inundan las pantallas.

Lo mejor: La reflexión que subyace de la película.
Lo peor: Que su final pueda ser malentendido.
publicado por Monica Jordán el 13 enero, 2008

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