algún día, en alta mar, oleréis tierra donde no la hay. Y entonces el capitán Ahab acudirá a su tumba, pero regresará antes de una hora. Se levantará y os llamará. Entonces todos, salvo algún desdichado, le seguiréis.

★★★★☆ Muy Buena

Moby dick

Moby Dick, la obra de Herman Melville, es una de las mejores novelas de todos los tiempos, y una de las obras cumbre de la literatura norteamericana. No es extraño que fuera llevada al cine, aunque en las versiones anteriores al film de John Huston la obra de Melville era llevada por el lodo, como prueba el hecho de que en la adaptación de 1930 el capitán Ahab no sólo sobreviviera, sino que además, ¡acababa con la ballena blanca y regresaba a casa junto a su mujercita! No fue hasta que John Huston decidió llevar la novela a la gran pantalla que la novela de Melville por fin fue tratada con justicia.

En su autobiografía Huston calificaba a Moby Dick como el rodaje más difícil (en términos de logística al menos) al que se hubiera enfrentado, y desde luego ya desde el principio el director tuvo que combatir muchos obstáculos. Para empezar hubo de peregrinar de estudio en estudio tratando de convencer a los mandamases de que le dieran luz verde a su proyecto, el cual los productores no venían nada claro. ¿Una historia de ballenas y marineros donde hay mujeres y con un final tan tétrico? Aquello no podía atraer a las masas a la taquilla de los cines. Pero finalmente Huston logró un sí y comenzó a trabajar en el guión.

Siempre he considerado el guión de Moby Dick como una de las mejores adaptaciones literarias que jamás se hayan llevado al cine. Cualquiera que haya leído la novela sabrá que es una obra muy compleja, y sin embargo Huston logró centrarse en la caza de la ballena pero manteniendo al mismo tiempo el espíritu de la obra y del personaje de Ahab. Para ello contó con la colaboración de todo un Ray Bradbury, a quien Huston llamó a su lado interesado por los relatos cortos de Bradbury, en los que el director vio lejanos ecos de la escritura de Melville. No parece que la relación entre el rudo Huston y el apocado Bradbury fuera como la seda, pero de todas formas su trabajo al condensar la novela en una historia de apenas dos horas fue magnífica.

El reparto de la película seguramente chocó a muchos en su época, al menos para aquellos que conocieran profundamente la obra. Richard Basehart, quien por entonces tenía 40 años, interpretaría a Ishmael, el joven grumete que se enrola en el Pequod, y que en realidad hubiera debido de tener veiente años menos. Pero en mi opinión su sonrisa lozana y buen hacer permiten que su Ishmael pueda ser creíble. Aun más sorprendente debió ser la elección de Gregory Peck como el temible capitán Ahab, más teniendo en cuenta que era dos años más joven que Basehart y que al demediado capitán se le suponían bastantes años más. ¿El buenazo de Las llaves del reino y el mártir de Duelo al sol interpretando al oscuro Ahab? Sonaba a disparate.

El propio Peck tuvo muchos problemas con el papel, y desde un principio se sintió inseguro interpretando a Ahab, se consideraba demasiado joven y muy poco experimentado para un papel tan complejo. Años después diría que de haberla interpretado siendo ya un madurito habría podido aportar mucho más al personaje. Lo cierto es que a Huston no pareció importarle demasiado la juventud de Peck, aunque a raíz de esta película surgió una enemistad entre los dos que duraría el resto de sus vidas. Hay versiones encontradas al respecto, tanto Peck como Huston ofrecen su propia versión de los hechos, pero desde luego fuera cual fuera el motivo se distanciaron para siempre.
Con todo, personalmente la fuerza que Gregory Peck imprime a su Ahab me dejó patidifuso siendo yo un cachorrillo, y cada vez que vuelvo a ver la película me sigue encantando su actuación. Quizás Peck tuviera razón y de haber encarnado a Ahab en los 70 habría podido darle muchos más matices, pero comparad por ejemplo el Ahab de Peck con el de Patrick Stewart en al adaptación televisiva. No hay color.

Por cierto, el papel que encarnaría Peck en ese telefilm fue interpretado en la versión 5os por Orson Welles, quien realiza un fascinante cameo como el padre Mapple, haciendo gala de su experiencia teatral en un largo sermón que escribió el propio Welles.
Otros secundarios interesantes son el inolvidable Harry Andrews como el jocoso Stubb o un estupendo y contenido Leo Genn como el segundo de a bordo, Starbuck. Para interpretar al arponero amigo de Ishmael, Queequeg, Huston llamó a un conde austríaco amigo suyo, el imponente Friedrich von Ledebur.

A pesar de todos los problemas logísticos del rodaje afectando al Pequod y a las reproducciones de Moby Dick, y un presupuesto muy ajustado por parte de unos productores cicateros que Huston no tardó en sobrepasar, la película está llena de momentos inolvidables. Tras la gradual introducción de Ishamel y Queequeg la ominosa figura del capitán Ahab va emergiendo poco a poco, hasta explotar en una serie de escenas grandiosas sostenidas por el carisma de Gregory Peck. Memorables son los rituales en los que Ahab introduce a su tripulación: el doblón de oro, el ron, el fuego de San Telmo, Daggoo jurando muerte a la ballena en un primer plano feroz, el entusiasmo colectivo, la ira de Ahab… ¿quién diablos va a poder superar algo así? Los ordenadores podrán crear cien mil Moby Dicks que parezcan más auténticos que una ballena real, pero esa magia que rodea a la Moby Dick de Huston es imposible de recrear con CGI o con cualquier otra sigla. Y si algún día las computadoras logran hacerlo, yo me bajaré del mundo.

Recordad, algún día, en alta mar, oleréis tierra donde no la hay. Y entonces el capitán Ahab acudirá a su tumba, pero regresará antes de una hora. Se levantará y os llamará. Entonces todos, salvo algún desdichado, le seguiréis, y contemplaréis Moby Dick con lágrimas en los ojos. May the heavens bless you.
publicado por Moebius el 4 agosto, 2009

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