Una de las películas más interesantes de la temporada, por su realización, por sus interpretaciones, por la riqueza de sus matices, por liberarse de discursos éticos y morales previsibles. Aunque no redonda.

★★★☆☆ Buena

4 meses, 3 semanas y 2 días

Alumno aventajado del extinguido movimiento Dogma que impulsó Lars Von Trier, el rumano Cristian Mungiu nos deleita con unos encuadres tan sobrios como atractivos. Y, como buen dogmático, despoja de música a sus imágenes limitando la banda sonora a los diálogos y el sonido diegético. Su cámara, curiosa e incisiva, sea entrando en las duchas de las chicas o invitándonos a contemplar, con toda su dureza, esta odisea ficticia, pero que podría ser la de cientos de miles de mújeres que durante la dictadura de Ceaucescu, decidieron abortar clandestinamente, nos toma de la mano para invitarnos a emprender un crudo periplo, acompañando a sus dos protagonistas.

En esta crónica de dos universitarias, compañeras de habitación en la residencia, se trata oblicuamente los avatares de esos tiempos de la dictadura comunista en la Rumanía de los ochenta, donde todo es tan precario como vigilado. Sus ciudadanos están siempre bajo sospecha, sea para registrarse en un hotel o para tomar libremente sus decisiones. Pero sobre todo se convierte en un conmovedor relato en torno a la amistad femenina. En un mundo regido por la desconfianza, su protagonista, Otilia (Anamaria Marinca), halla precisamente su ilusión en la ayuda incondicional a su amiga, Gabita (Laura Vasiliu), la tabla de salvación donde agarrarse. Se trata de creer tener a alguien que jamás nos traicionará, que haría lo mismo por nosotros ante el más engorroso de los problemas.

Y Mungiu nos lo cuenta a través de la omnipresente Anamaria Marinca, no la adolescente insensata (más que nada, porque sus respuestas dan a entender que nunca sabe tomar la decisión correcta), que protagoniza Laura Vasiliu, la joven que ha quedado preñada y quiere desprenderse de ese feto en estado avanzado. Con Otilia estaremos viviendo, como si estuvieramos en primera persona, cada una de esa cadena de  acontecimientos y escenarios a que conduce el hecho de decidir abortar en ese régimen. Caminos en los que cualquier moneda de cambio vale, incluso la propia humillación.

No por poco ensayados o prefabricados, los encuadres de Mungiu, con abundantes planos secuencia, dejan de ser muy llamativos visualmente. Incluso el jersey verde que luce Otilia durante buena parte del metraje podría definirse como toda una revelación visual. O sus escenas silenciosas frente al espejo… o en una de las secuencias más contundentes de 4 meses, 3 semanas y 2 días, de esas para dejarle a uno clavado en la butaca, que se produce (por un hecho que no desvelaré) mientras Gabita espera "su turno" encerrada en el cuarto de baño de la habitación alquilada, hasta que irrumpe Otilia, directa a la bañera…

La lástima es que tan buena propuesta y ritmo pierda fuelle en su media hora final, donde el interés y el ritmo decaen; y donde Mungiu, impecable hasta el momento, da síntomas de flaqueza, inclusive introduciendo un plano detalle totalmente innecesario, que rompe con su sugerente, y no por ello menos cruda, puesta en escena.

Errores que no desmerecen una de las películas más interesantes de la temporada, por su realización, por sus interpretaciones, por la riqueza de sus matices, por liberarse de discursos éticos y morales previsibles. Y sobre todo por su capacidad de fascinación y para sumergirnos en esta odisea (casi) en tiempo real junto a Otilia y Gabita con una naturalidad y facilidad pasmosa, aunque no se trate de una obra ni mucho menos redonda.

publicado por Carles el 1 febrero, 2008

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