Hacia rutas salvajes es una propuesta honesta y directa a la par que poco complaciente. Entra en un juego peligroso del que sale airosa: no hay autoconmiseración, ni lágrimas baratas, ni discursos dogmáticos impuestos, sólo sugerencias amplias.

★★★★★ Excelente

Hacia rutas salvajes

No es fortuito ni gratuito que Hacia rutas salvajes tenga como preludio una cita de Lord Byron, uno de los estandartes de la literatura Romántica inglesa que ejemplifica en sus ideales y poemas el espíritu del que bebe la nueva película como director de Sean Penn. Y es que Hacia rutas salvajes es la historia de quien vive en el siglo XX de forma totalmente anacrónica, con unos ideales y formas de pensar más propios de las reuniones clandestinas de Byron y Shelley que de la vorágine industrial y superficial de la edad contemporánea. Chris/Alex (un Emile Hirsch más comprometido que nunca) es un joven de familia bien que tras un conjunto de desilusiones vitales decide dar rienda suelta a su espíritu aventurero y emprender un viaje de supervivencia extrema hacia Alaska. Obviamente el viaje es la excusa para mostrar el crecimiento personal de Chris, que además está formalmente separado creando bloques dentro de la película con las diferentes etapas de aprendizaje del ser humano (nacimiento, adolescencia, edad adulta…) proponiendo así una estructura clara al espectador y haciendo un gesto honesto al mostrar el objetivo del viaje: más que un desplazamiento se trata del aprendizaje en búsqueda de la felicidad y/o de la huida de un pasado que no se acaba de aceptar.

Todo el calado Romántico (importante aquí la mayúscula) de la película está remarcado con planos paisajísticos donde la naturaleza se conforma como otro personaje más de la historia. La cámara capta al ser humano (pequeño e insignificante) ante la inmensidad de la salvaje Madre Natura en un ejercicio de viaje al Romanticismo estético en busca de pintores como Friedrich con Caminante sobre el mar de nubes o Monje a la orilla del mar. Está claro que Penn se ha rodeado de grandes referencias culturales a la hora de llevar a la pantalla la novela de Kracauer en la que se basa esta película, pero más cierto es que la historia de Chris McCandless estaba ya escrita con letras mayúsculas desde su mera existencia. La historia es sobrecogedora en sí pero Penn sabe no caer en lo fácil y logra encontrar la distancia necesaria para acercarse a la intimidad de Chris sin convertirlo en un héroe ni en un antihéroe. Chris es, como buen Romántico, simple y llanamente un ser humano y es así como nos lo muestra Sean Penn, sin alabanzas y sin admiraciones; con sus defectos y sus virtudes; con la sensatez de quien sabe lo que quiere y con el egoísmo de quien no mide las consecuencias de sus actos. La mirada de Penn es antropocéntrica durante prácticamente toda la película al otorgar al protagonista la potestad del iluminado que a través de las experiencias aprende y comprende el caos del que se conforma el mundo real pero también abre la puerta a la metafísica y a la espiritualidad sin cerrársela a ninguna y dando una totalidad al conjunto que pocas películas consiguen.

El gran mal del Romántico es la sociedad que lo aprisiona, y Chris ha sido devorado por una forma de vida que no puede sostener: le persiguen las mentiras del pasado con las que no ha sabido lidiar y los problemas con sus padres (Marcia Gay Harden y William Hurt) y por eso decide huir de ellas en un estadio de rebeldía. Rompe con todo y todos para buscarse a sí mismo, para hallar la felicidad en las pequeñas cosas y en las aparentemente imágenes vacuas de la nada. Será su hermana (Jena Malone) quien nos narre a través de una voz en off el antes de la marcha de Chris así como las consecuencias que ésta tiene en ella y en su hogar. La multitud de puntos de vista narrativos que tiene Hacia rutas salvajes sorprende por su complejidad y por lo bien que lo soluciona Penn. En la película obtenemos una pluralidad de narradores diegéticos que hace que sorprenda lo unánime del resultado. No hay buenos, ni malos, ni víctimas, ni verdugos. Cada uno explica su historia desde su punto de vista pero todos contribuyen a entender el total, incluso cuando hablan de sus historias personales el ligazón que se encuentra con la trama de Chris es importante.

Hacia rutas salvajes es una propuesta honesta y directa a la par que poco complaciente. Entra en un juego peligroso del que sale airosa: no hay autoconmiseración, ni lágrimas baratas, ni discursos dogmáticos impuestos, sólo sugerencias amplias en las que todas las ideologías caben, todas las formas de interpretar tienen lugar y donde la verdad se compone de la pluralidad de la que se forma la vida. Algo que es de agradecer y que era complicado al ser una película con todo el peso puesto en un personaje principal rodeado de secundarios que ejercen de satélites (destaca Catherine Keener tan deliciosa como siempre o Vince Vaugh en una de las “cazas” policíacas más divertidas de los últimos tiempos). La cinematografía acompaña dando al espectador la capacidad de posar la mirada ante el celuloide más que de centrársela, a excepción de esas escenas intimistas en las que los lugares pequeños ejercen de opresores para Chris y para el espectador, cerrando los planos a la observación de lo específico.

La historia de un vagabundo solitario e idealista podría llevar a muchos a hastiarse sólo de pensar en que dos horas y media es mucho tiempo sentado en una butaca, pero Hacia rutas salvajes consigue saber a poco por lo bien construido de su engranaje. No se trata ya de que todas las piezas del puzle cuadren, sino de que Penn ha formado un patchwork con retales de diferentes orígenes. Ahí reside la gran magia de esta película que, a ratos dulce y a ratos amarga, consigue hacer un retrato melancólico de una forma de vida que poco tiene que ver con los tiempos que corren. Algo que hubiera encantado a Byron o Friedrich y que forma ya parte de un imaginario común. Descanse en paz.

Lo mejor: Lo poliédrico de la narración y Hirsch, excelente en todo lo que hace.
Lo peor: Que a pesar de su metraje, se hace corta.
publicado por Monica Jordán el 4 febrero, 2008

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