El esperado final de la saga de las Tres Madres no es el retorno del giallo como nos querían hacer creer, si no otro puñado de tierra más en su tumba. Lamentable lo que han hecho, oigan.

★★☆☆☆ Mediocre

La terza Madre

Los trabajos de reconstrucción de una calle próxima al cementerio de Viterbo permiten el hallazgo de una enigmática urna. La urna se remite al Museo de Arte Antiguo de Roma, donde trabaja la arqueóloga Sarah Mandy (la arrebatadora Asia Argento) a las órdenes de Giselle, viceconservadora de esta institución. Arrastradas por la curiosidad abren la urna, hallando en el interior de la misma una serie de misteriosos objetos. Lo que no saben es que acaban de liberar de su encierro a la Mater Lachrymarum, el regreso de esta hermosa pero terrible hechicera trae caos al mundo y lleva la capital italiana hasta un punto apocalíptico donde los poderes psíquicos de la joven estudiante norteamericana son la única esperanza para vencer a la última de las brujas que protagonizaron los dos anteriores films.
Si yo fuera Homer Simpson abofetearía con un guante a Dario Argento y le diría aquello de “¡exijo una satisfacción!” (eso o me tomaría un par de Duff’s e intentaría olvidarme de todo el asunto), pero como no lo soy, me quejaré al estilo abuelo Simpson.
Hay muchos directores que pierden su rumbo, para corroborarlo ahí están Tim Burton, Ridley Scott o Brian De Palma. La historia de Dario Argento no es distinta, hace años que vive de la renda de sus primeros trabajos, que ha perdido el favor de la crítica y del público, y se ha acomodado en su condición de vieja gloria. De ahí que nos quiera vender esta peli como una vuelta a los orígenes, algo que también hizo Kevin Smith en su momento con la segunda parte de Clerks y que le salió bastante bien.
Suspiria (1977) e Inferno (1980) son las primeras entregas de la hasta ahora inconclusa trilogía de las Tres Madres, y dos obras maestras indiscutibles. El esperado final de la saga, en cambio, no es el retorno del giallo como nos querían hacer creer, si no otro puñado de tierra más en su tumba. Lamentable lo que ha hecho, oigan.

La peli es mala por si sola, aunque supongo que si no fueran tan cojonudas sus predecesoras, si no estuvieran tan llenas de fuerza y belleza, daría menos tirria la cosa. Pero es que están ahí señor Argento, y le convendría mucho volver a verlas porque parece que es el único que las ha olvidado.
En esta tercera entrega ha puesto más personajes, más exteriores, más guión y más luz de los que tienen las dos anteriores juntas, rompiendo así cualquier tipo de vínculo con ellas (menos es más, señor Argento, y usted debería saberlo). Si en ellas se respiraba una atmósfera de pesadilla donde el asesino era una figura sobrenatural y desconocida que se movía fuera de las leyes físicas, en esta el mal es muy visible y muy físico, sobretodo porque tiene unas tetas que te cagas y se pasa medio en pelotas toda la película.
La peli en general tiene un aspecto cutre y videoclubero, la trama es de lo más banal y la visión que transmite la cinta sobre el Apocalipsis es bastante macarra (con muchos puntos en común con lo que vienen a ser las Ramblas de Barcelona un sábado por la noche). Pero lo peor, aquello que hace que se me suban los colores y que quiera salirme al balcón a fumar sin apretar antes el pause, son los momentos fantasmales con Daria Nicolodi. Muy fuertes señor Argento (usted ha visto Ghost, ¿verdad?). Es tal el desastre que solo me viene a la cabeza una analogía del mismo calibre; aquella espantosa secuela del 2001 de Kubrick.
La frase: “¡Madre! ¡Madre, has venido!”
Lo mejor: Asia Argento (a mi es que esta chica me da ganas de vestirme a lo Gengis Kan e invadirla).
Lo peor: Que quedan empañadas las primeras dos magníficas entregas.
publicado por Cecil B. Demente el 5 febrero, 2008

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