Una nueva Cenicienta llamada al baile de los Oscar. Sus armas para conquistar: la actuación de Ellen Page y la revisión de las comedias dramáticas de buenas intenciones.

★★☆☆☆ Mediocre

Juno

El Otoño de los Flashbacks y las Voces en Off

 

Parece ser que el director y guionista de “Gracias por Fumar” no quiere faltar a las más novedosas técnicas del cine contemporáneo. A veces da la sensación de que a muchos de los cineastas de nueva hornada, incluso a los que se han criado entre cámaras como él, se les olvida (si alguna vez lo supieron) para qué surgieron y cómo se utilizan los mencionados inventos. En el caso que nos ocupa, los primeros –los, afortunadamente, relampagueantes falshbacks- resultan insultantemente repetitivos, con un acercamiento peligroso a la descripción gráfica de personajes que Todd Field intentara en Juegos Secretos y que, según el criterio de quien comenta la película, sólo funcionó bajo la dirección de Vicente Minelli en Un Americano en París. Las segundas, las voces en off, son empleadas a modo de apuntes en blog de serie de televisión, como no podía ser de otra manera conociendo el currículum de la novelista. Y es que basta con una lectura somera de la trayectoria profesional de la Sra. Diablo (guionista de moda en USA, descubierta por un productor cinematográfico mientras hacía sus pinitos literarios por internet) para replantearse seriamente el darle puerta al 190 y tomarse en serio eso de escribir. Sólo que, de momento, no sé yo cómo se aborda una historia de corte social para no decir nada.

 

El Invierno de las Buenas Intenciones

 

En Juno, -diosa de la maternidad en la mitología romana y, desgraciadamente, muy alejada de la Poderosa Afrodita de Woody Allen-, no sólo no hay espacio ni lugar para ensalzar a las susodichas, tampoco para enfocar la problemática derivada de los embarazos adolescentes, ni para establecer aproximaciones ni conexiones con la situación de los matrimonios infértiles, ni aun para hacer prevalecer los derechos fundamentales del menor, objetivo prioritario de cualquier sociedad civilizada; entrando, en su defecto, en un universo irreal de buenas intenciones que nunca fueron tan poco cuestionadas. Un hecho, a todas luces, reprochable a la moderna crítica americana, a la que en otros tiempos de similar ausencia de criterio no le tembló el pulso para tachar de ingenuo a Frank Capra, abogado de la bondad inherente al ser humano en una época en la que todos los pensamientos bienintencionados sabían a poco para paliar los efectos de la Gran Depresión. En 2007, fecha de la presente producción, la única depresión pendiente de superar procede del asombro que provoca la obsesión del cine americano por incluir películas independientes de bajo presupuesto en las nominaciones, eliminando injustamente de la colorada alfombra del Kodak Theatre a grandes guiones como el de American Gangster, o a directores de la talla Tim Burton o Ridley Scott.

La Primavera de las Comedias Clásicas Americanas

 

La nueva Cenicienta llamada al baile de los Oscar competirá con una pretendida revisión de las comedias clásicas americanas, perdiéndose en un planteamiento desdibujado que persigue y no consigue la sátira social, emulando los diálogos rápidos y punzantes de la screwball-comedy, y hasta con la intención de ridiculizar a los personajes masculinos como hiciera el cine de Howard Hawks. La diferencia está en que en éste era necesaria la creación de situaciones especiales encaminadas a tal fin, mientras que en Juno, los chicos ya son ridículos de serie. Frente al carácter independiente de las féminas que se mueven a golpe de música “indie”, capaces de tomar decisiones responsables incluso con dieciséis años, se encuentran el inmaduro futuro padre adoptivo, recluido en una caja de recuerdos, y el joven deportista que pregunta si un embarazo es eso que les ocurre a las mamás y a las profesoras. Anda que….menudos ejemplares.

 

Si en un gesto de buena voluntad (y considerable esfuerzo) el espectador decide adherirse al mensaje optimista que motiva las acciones de la trama, y se deja arrastrar por el espíritu positivo de una comedia romántica sin más pretensiones, no tardará en descubrir que el guión, típicamente americano, alterna diversos comentarios de indudable ingenio, encaminados a sonsacar una leve sonrisa, con un sinfín de chistes extraídos de las peores galas de Billy Crystal. Ésos y ésas en los que un animado público (americano) aplaude entusiasmado, mientras que esta albaceteña se queda como estaba; para poner la guinda con esa tendencia maliciosa de los estadounidenses a mofarse de otras culturas. Es difícil que una sociedad que se anuncia en los periódicos para ser padres llegue a entender que en China no se regalan niños como si fueran ipot. Si, por el contrario, alguien intenta reparar en el eje central del argumento, caerá en la cuenta de que lo que allí llaman “adopciones privadas”, ¿sin regulación gubernamental?, y posible compensación económica, se parece sospechosamente a una compra-venta de cachorros, impensable en el país asiático objeto de la burla.

 

El verano de una gran interpretación

 

A pesar de los pesares enumerados, es innegable que la cinta consigue transmitir ternura y calidez desde los llamativos títulos de crédito, realzando las relaciones paterno filiares inherentes al cine de Jason Reitman, y con una lección impagable (esto es cine americano) sobre quién es una madre. Recuérdese el papel de Allison Janney y la relación que se establece entre las protagonistas. Pero, sobre todo, téngase la seguridad de que en Juno se asiste al nacimiento de una nueva estrella: la Brujita Ellen Page. No les falta razón a los críticos que ya la comparan con Meryl Streep, puesto que ambas son capaces de salvar una película mediocre, haciendo creíble un mal guión.             

publicado por Bruji el 6 febrero, 2008

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