Esta producción de Abrams no recogerá premios en Cannes, pero ofrece una experiencia diferente a lo que estamos acostumbrados y se convierte en la primera película «»de monstruo»» en la que el monstruo no es protagonista.

★★★☆☆ Buena

Monstruoso

Imaginemos que Godzilla llega a la ciudad. Tras un gag con un pescador y destrozar algunos edificios, entran en escena Matthew Broderick y Jean Reno. Tanto uno como el otro saben de donde viene el lagarto gigante, saben qué es y como pueden enfrentarse a él. A unas cuantas de manzanas de allí, mientras que Godzilla campa por sus anchas por el downtown, hay un grupo de amigos celebrando una fiesta y de pronto ven como la ciudad se convierte en un caos. No saben que hay un animal de cincuenta plantas de altura paseando por Central Park, apenas saben lo que ha ocurrido y lo único que tienen claro es que hay que salir de la ciudad cagando leches. Cloverfield va sobre este grupo de desconocidos

Está claro que la apuesta de Abrams con Cloverfield (me niego a llamarla Monstruoso) es arriesgada: una película “de monstruo” en la que el monstruo no es importante, aparentemente grabada con cámara en mano y con ausencia total de música. No creo que Lars Von Trier le otorgara el sello dogma, pero la propuesta es novedosa y huye de las oferta convencional. Comparte con REC el falso directo y la inmersión del espectador en la acción en primera persona, aunque está mucho más cargada de efectos especiales. Pese a todo, el efecto es el deseado y la película es agobiante, desconcertante y trepidante por momentos. Es agobiante porque, como los protagonistas, sufres los cambios continuos de la situación y la película se convierte en una montaña rusa, a lo que ayuda mucho la mareante grabación cámara en mano.

La pregunta del millón es: ¿se ve el monstruo? Pues sí, aunque creo que no hay un sólo plano fijo en el que se vea “de cuerpo entero” (de hecho, hay pocos planos fijos en la película). Abrams hace buena la máxima del monstruo detrás de la puerta y sólo escucharlo es suficiente para transmitir intranquilidad, así que ni hablemos de verlo un poco, aunque sea de lejos. Lógicamente, cuando el que está grabando la acción ve al monstruo acercarse no se queda parado para conseguir un primer plano, ya que eso sería de idiotas y ya lo vimos en Godzilla.

El guioncillo es lo de menos, ya que Cloverfield ofrece una experiencia, más que una historia. La trama es sólo de una excusa para no salir de New York y poder grabar la acción todo lo cerca que se pueda. Los desconocidos actores son sólo marionetas al servicio de la película y no son más que cebos con inquietudes, aunque con no demasiadas. Es de suponer que unos diálogos con interés hubieran distraído al espectador de objetivo principal, que no es otro que meterlo en el pellejo de una víctima más.

En definitiva, Cloverfield no es cine. Es una experiencia que perfectamente encajaría en un parque de atracciones y que es irreproducible en el salón de casa, por mucho 5:1 que te pongas. Ahora que hasta el más analfabeto informático puede bajarse una película en un par de clicks, quizás los productores tengan que plantearse ampliar el uso que se le da a los circuitos del cine y ofrecer experiencias que no se pueden llevar al salón del consumidor. Aunque me temo que la inopia de la industria del cine (a la par que la de la música) no le permite valorar el impacto que películas como Cloverfield tienen en el mercado y volverán a la fórmula que nunca falla: copiar, retocar, vender, copiar, retocar, vender,… ¿o sí que falla?

Lo mejor: Nos muestra un punto de vista no habitual de lo que sería un desastre en una gran ciudad. Lo arriesgado de la oferta, nada convencional, que se convierte en una experiencia por encima de la película.
Lo peor: Hay momentos que se cae en algunos tópicos que restan credibilidad al conjunto. El movimiento de cámara es excesivo y puede molestar a algunos espectadores. En la sesión en que estuve se fueron tres de los diez o doce que estábamos.
publicado por Taliesin el 6 febrero, 2008

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