El resultado final es un experimento con el sabor que dejan los productos que se elaboran con mimo, con el propósito de hacer bien las cosas.

★★★★☆ Muy Buena

Monstruoso

Es curioso que dos películas de concepción tan similar como “REC” y “Monstuoso” hayan aparecido en las carteleras con tan poco lapso de tiempo entre ellas… y también una suerte. Me imagino que si llegan a estar separadas, sin ninguna duda, a la segunda se la habría acusado de falta de originalidad, de plagio de ideas, como seguramente ocurra en la mente de los espectadores usamericanos cuando les llegue el remake de la española, ya que el público medio de por allá es incapaz de implementar en el lobanillo una película doblada o subtitulada.

Estas dos películas tienen otro rasgo en común que, con el tiempo, las convertirá en obras recordadas y, por qué no, incluso podría convertirlas en películas de culto, signifique lo que signifique tal epíteto. Dicha característica compartida son las reacciones extremas, encendidas y encontradas que han provocado a su paso. Salvo una minoría, el público se ha definido claramente en fervientes admiradores y furibundos detractores. A casi nadie dejan indiferente y suelen dar mucho que hablar.

A pesar de que “REC” se instala en el terror más primitivo y “Monstruoso” se decanta por el género de monstruos (valga la redundancia) o de catástrofes, comparten, de una manera mucho más cercana que otra de las que se suelen mencionar, “El proyecto de la bruja de Blair”, una forma de rodar que aboga por el realismo en el cine fantástico, que introduce al espectador en la acción de una forma brutal poniendo la cámara en manos de uno de los protagonistas, con las virtudes y defectos que este tipo de grabación puede tener.

Está claro que aquel al que moleste la filmación hipocondríaca y temblorosa de un tipo que filma y escapa de un bicho al mismo tiempo, odiará la película, se saldrá constantemente del argumento y acabará mareado por imágenes borrosas y, en muchos casos, que no enfocan hacia nada útil. Sin embargo, el que sea capaz de sentir esas imágenes confusas y rápidas como una forma de escapar junto a los protagonistas, se encontrará con una película emocionante, tensa, con personajes con los que fácilmente podemos identificarnos y sin más pretensión que la de mantenernos pegados a la butaca sin pestañear y, si tiene suerte, crear un universo de acólitos y leyenda a su alrededor.

El argumento, en este caso, es lo de menos. Un pretexto, enorme y malvado, para contemplar la isla de Manhattan destruida, la cabeza de la estatua de la libertad cercenada – idea que se le ocurrió a J. J. Abrahams, ideólogo de “Perdidos”, “Alias”, “Felicity” y, por supuesto, la cinta de la que hablamos, así como productor, tras ver el poster de ”1997: rescate en Nueva York” – y una pandilla de adolescentes tratando de salvar sus vidas y rescatar a una de sus amigas. Sin embargo, hasta este enorme y destructivo animalejo está concebido de forma excepcional, mostrándose de refilón y fugazmente la mayor parte del film, acentuando la sensación de desamparo y desconocimiento de los protagonistas y del público.

Sobresaliente también su campaña de marketing, bombardeando la red con noticias veladas, trailers y posters sin título y construyendo todo un universo a su alrededor que se ocupó de que el boca a boca – o, en este caso, el tecla a tecla – se extendiese por todo el mundo como una gigantesca e imparable plaga y, de paso, captar una legión de admiradores aún antes de que se estrenase la película.

El resultado final es un experimento con el sabor que dejan los productos que se elaboran con mimo, con el propósito de hacer bien las cosas. Quizá algo masacrada en su país de origen, ante un grueso del público que no disfruta con esta clase de experimentos, pero que está funcionando de maravilla en el resto de los países en los que se estrena.

Si aún no la has visto, ya sabes que tendrás que escoger camiseta: ¿te apuntas a la aventura del proyecto Cloverfield o pasas de otra de bichos y adrenalina?

Lo mejor: La concepción de la película y una campaña de marketing que ha creado a su alrededor un interesante universo.
Lo peor: La escena del rescate... quizá demasiado tópica.
publicado por Heitor Pan el 10 febrero, 2008

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