La sombra de George Lucas es muy alargada; los sables de luz, un arma como la Estrella de la Muerte, o ciertos planos de las naves, son calcomanías evidentes y nos indican las aviesas intenciones de los autores, y también el buen rato que vas a pasar

★★★☆☆ Buena

Star crash, choque de galaxias

Stella Star, la mejor piloto de todo la galaxia, y Atkon, el mejor navegante, son dos piratas estelares que la policía robot ha puesto a buen recaudo, pero que el emperador reclamará para una misión excepcional. El miserable conde Zarth Arn ha creado el arma más poderosa de la galaxia, capaz de destruir planetas enteros, así que nuestros dos valientes y sexis héroes deberán unirse a un robopoli quejica con nombre de revista femenina (Elle) y a un tipo duro de cabeza calva y verde con nombre de Dios nórdico (Thor), para encontrar el arma y destruirla.

Si hace un par de semanas cantábamos las alabanzas del Star Wars Turco, aquí lo tenemos servido a la italiana, y es que la sombra de George Lucas es muy alargada; los sables de luz, un arma como la Estrella de la Muerte, o ciertos planos de las naves, son calcomanías evidentes y nos indican las aviesas intenciones de los autores, y también el buen rato que vas a pasar.

A Stella Star le gusta pilotar su nave vestida con unas botas maravillosamente largas y un bikini a lo Vampirella, mientras que Atkon luce un traje que parece salido de la serie V, aunque el look futurista no le quita la pinta de niño surfista que tiene. Se toparán con todo tipo de complicaciones en su camino; guerreras amazonas, una robopilingui gigante con tetas de quinceañera y la misma mala uva, o trogloditas que sobresaltan a la cámara al ritmo de una banda sonora parecida a la de 2001, y cuando las cosas se pongan feas, aparecerá David Hasselhoff al rescate, lanzando rayos por los ojos y más maquillado que una puta de las Ramblas, un gran debut en el cine, sí señor. Christopher Plummer intentará añadir algo de clase al asunto interpretando al Emperador, e irá por ahí hablando de espaldas a la gente y mirando al vacío, como dándose importancia, que es lo que tiene ser actor de formación shakesperiana.

La peli es un delirio ochentero muy entretenido que se hace rápidamente con la simpatía del espectador y que tiene varios momentos inolvidables. Al final, uno acaba por pensar que es Navidad en el Espacio, ya que se les va la mano poniendo lucecitas de colores.
publicado por Cecil B. Demente el 5 marzo, 2008

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